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(ca) Spaine, Regeneracion: Ceuta no es una excepción: Fronteras, militarización y lucha de clases Por LIZA (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Mon, 19 Oct 2026 08:07:42 +0300


La crisis de Ceuta ha vuelto a colocar con toda su fuerza en el centro del debate público la migración, las fronteras, el racismo y el uso de los movimientos humanos como arma política. Pero este debate no debería separarse de las relaciones de explotación que atraviesan al conjunto de la clase trabajadora. ---- Tras semanas de agresiones, violencia escuadrista y militar, y bulos generalizados contra la población migrante y las voluntarias en Ceuta, tenemos claro que nuestra respuesta no puede limitarse a una condena moral de la violencia. Necesitamos señalar las estructuras que producen explotación, militarización y desigualdad. También denunciar las condiciones para que una monarquía autoritaria como la marroquí pueda utilizar a miles de personas como instrumento de presión política, y frente a ello, generar una respuesta organizada desde la totalidad de nuestra clase.

La estrategia marroquí no es nueva. Países como Bielorrusia o Turquía ya lo hicieron años atrás para sacar beneficio político, sin ningún reparo en las consecuencias letales que eso podía tener para las comunidades migrantes. Pero las características de Ceuta y la inacción del gobierno español hacen que funcione como una olla a presión utilizada por los sectores reaccionarios. Se trata de una ciudad profundamente militarizada de no más de 19 kilómetros cuadrados, situada al sur del Estrecho de Gibraltar | fundamental para el comercio global | y reclamada desde hace décadas por Marruecos.

Y esta presión dirigida desde estrategias geopolíticas globales supone la excusa perfecta para que el gobierno del PSOE apruebe el aumento del presupuesto militar y asuma las políticas de la OTAN y, al mismo tiempo, le permitan seguir pareciendo de izquierdas. Al gobierno de Pedro Sánchez le interesa porque tiene la excusa para cubrir la emergencia migratoria, y le da la justificación que necesita todo gobierno socialdemócrata para acabar imponiendo materialmente políticas de derechas.

Tras más de 140 muertes, y pasadas varias semanas de inacción política y con el odio ya alimentado, el miércoles 2 de septiembre se sucedían movilizaciones promovidas desde la derecha por todo el Estado español que no hicieron más que reafirmar la vorágine racista que se está viviendo en Ceuta. Pero también, por otro lado, se convocaron numerosas concentraciones bajo el lema: «Paremos los pies al racismo». En las calles de Madrid y Granada nos encontramos organizaciones políticas, sindicales, colectivos antirracistas y personas que habíamos decidido no permanecer indiferentes ante la violencia racista silenciada que lleva semanas produciéndose en Ceuta.

Desde Liza en Madrid participamos en aquella convocatoria como parte de la Asamblea Internacionalista. Lo hicimos porque entendemos que ante una ofensiva reaccionaria no basta con expresar solidaridad; hay que disputar políticamente el sentido de lo que está ocurriendo.

Sin embargo, la crisis de Ceuta no es una crisis más. Se trata de un síntoma y no de una excepción. Lo que subyace es la concentración de varias capas de conflicto: la (in)acción violenta de las fuerzas de seguridad en el terreno con la intención de tensionar la situación y que los migrantes se marchen, la externalización de las fronteras, el imperialismo y la pugna por vías mercantiles y recursos estratégicos clave para los beneficios del gran capital. Igualmente, la precarización acuciante de la clase trabajadora y la promoción del nacionalismo a escala internacional, dando como consecuencia cada vez más violencia y persecución racista y que olvidemos los intereses de nuestra clase.

Ceuta está siendo, entre otras cosas, un «laboratorio de control migratorio» y el escenario de una batalla política en la que la clase trabajadora racializada es presentada como la enemiga, en lugar de señalar quién o cómo se han generado las condiciones de posibilidad. El problema no empieza cuando una persona migrante llega a Ceuta. El problema empieza mucho antes: en las guerras, en el expolio, en la desigualdad global y en un orden económico que necesita fronteras para administrar quién puede moverse, quién puede trabajar y bajo qué condiciones de explotación.

Nuestro posicionamiento no puede tampoco reducirse a que «Europa trata mal a las personas migrantes». Es algo bastante más estructural: La política migratoria europea forma parte de un sistema de explotación y dominación capitalista internacional. La Unión Europea militariza las fronteras, externaliza el control migratorio y delega parte de la violencia en Estados terceros. Y España no es mera espectadora de esta dinámica, sino partícipe de ella. Las alambradas, la Guardia Civil y militares dando palizas, y las devoluciones en caliente, son una expresión directa de la implicación que tiene el Estado español en esta maquinaria de control migratorio.

Algunos desde el púlpito de la socialdemocracia y el progresismo se conforman con decir que Marruecos es malo y España buena; mientras otros en trincheras ultraizquierdistas dicen que España es imperialista y Marruecos una víctima geopolítica. Nuestra perspectiva rechaza esa lógica dicotómica tan simple porque no profundiza sobre la realidad y trata de evitar una mirada tensa sostenida a la raíz del problema.

Desde un posicionamiento internacionalista, no aceptamos que la respuesta pase por escoger un bando entre Estados. No necesitamos sustituir el nacionalismo español por un nacionalismo marroquí, ni convertir a uno u otro Estado en representante de los intereses de quienes trabajan y viven bajo su dominio. El campismo nos obliga a elegir qué Estado apoyar; el internacionalismo nos obliga a preguntarnos qué intereses de clase defiende cada uno. Nuestra solidaridad no tiene fronteras porque nuestra clase tampoco debería tenerlas.

El capitalismo necesita que los trabajadores compitan por vivienda, empleo, servicios públicos y condiciones de vida, y convierte al trabajador migrante en enemigo del trabajador autóctono. Cuando una persona trabajadora tiene dificultades para acceder a una vivienda, el problema no es que otra persona trabajadora haya cruzado una frontera. Cuando faltan médicos, plazas escolares o servicios públicos, el problema no es quien llega buscando una vida mejor. Cuando los salarios no permiten llegar a fin de mes, el enemigo no es el trabajador migrante que cobra todavía menos y vive en condiciones todavía más precarias.

El racismo ofrece una respuesta falsa a problemas reales. Convierte al vecino en enemigo y oculta las relaciones sociales que producen la precariedad. El capital obtiene así una clase trabajadora dividida, enfrentada y más fácil de explotar.

Sin embargo, hablar de unidad de clase no significa negar las diferencias que existen dentro de nuestra clase. Significa precisamente impedir que esas diferencias sean utilizadas para enfrentar a quienes comparten una posición de explotación. Una persona migrante no deja de formar parte de la clase trabajadora por haber nacido al otro lado de una frontera; tampoco una trabajadora ceutí deja de ser víctima de la precariedad porque su situación sea utilizada por la extrema derecha para alimentar el odio.

Nuestra participación no termina en una concentración en Madrid. Mientras escribimos estas líneas, una compañera de Liza se encuentra en Ceuta como voluntaria en las brigadas de apoyo mutuo. Como organización hemos contribuido también con recursos económicos y materiales que han podido llegar hasta allí a través de ella. Para nosotras, esto forma parte de una misma política. La solidaridad no puede ser únicamente una consigna pronunciada durante una manifestación. Tiene que convertirse en una práctica concreta: organizar recursos, sostener a quienes resisten, construir redes y contribuir a que las personas afectadas sean sujetos activos y con agencia propia en su autoorganización.

Nuestra praxis se sostiene sobre la teoría que juntas elaboramos, y es fundamental pasar del asistencialismo a las redes de apoyo mutuo con capacidad política y organización propia. No basta con que los convencidos nos movilicemos entre convencidos; debemos superar el gueto de los movimientos sociales y construir una política de masas.

La respuesta antirracista necesita algo más que buenas consignas. Necesita capacidad para salir de nuestros espacios habituales y disputar el sentido común de nuestra propia clase. Si el racismo consigue presentarse como respuesta a problemas reales | la vivienda, los salarios, los servicios públicos, la inseguridad o la precariedad | , no bastará con responder que quienes migran son víctimas. Tenemos que explicar quién produce esas condiciones y organizar a quienes las sufren para transformarlas.

El próximo 19 de septiembre volveremos a las calles de Madrid. La Articulación Antirracista de Madrid, junto a Borders Resistance y No Name Kitchen, ha convocado una movilización que reunirá nuevamente a buena parte del movimiento político y social madrileño. Queremos que esa movilización sea algo más que una respuesta a la extrema derecha. Queremos que sea una respuesta a aquello que hace posible que su discurso encuentre terreno fértil. Que señale las cacerías racistas, pero también las fronteras que las preceden. Que denuncie a quienes persiguen a las personas migrantes, pero también a quienes convierten la migración en una cuestión policial. Que confronte a la extrema derecha, pero también las políticas de la Europa Fortaleza. Que hable de racismo, pero también de capitalismo, imperialismo y explotación. Y, sobre todo, que sea capaz de construir una unidad que no enfrente a trabajadores de aquí y de allí, sino que los organice alrededor de aquello que comparten. Animamos a que las organizaciones políticas trabajen en unas jornadas de lucha globales que señalen la violencia del control migratorio, y recuperar una lucha indispensable en estos tiempos nuevamente contra la Ley de Extranjería española.

Ceuta, insistimos, no es una excepción. Es una frontera donde se hace visible un orden que atraviesa nuestras vidas mucho más allá de ella. Y precisamente por eso, nuestra respuesta tampoco puede tener fronteras.

Liza, Plataforma Anarquista.

https://regeneracionlibertaria.org/2026/09/18/ceuta-no-es-una-excepcion-fronteras-militarizacion-y-lucha-de-clases/
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