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(ca) France, SocLib: CAMILLO BERNERI: LA SOCIALIZACIÓN (1897 - 1937) (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Fri, 16 Oct 2026 08:51:29 +0300


«Sostener que es preciso abolir la propiedad privada significa sostener que es posible sustituir la producción basada en el capital privado por una producción de capital colectivo, de manera ventajosa para toda la sociedad. ---- Hasta la fecha, el socialismo ha aportado numerosos proyectos e intentos de socialización; sin embargo, los esbozos de teorías comunistas o colectivistas han quedado, en su mayoría, sobre el papel. Ello se debe a la falta de una preparación técnica profunda que hubiera permitido sistematizar los esfuerzos de realización y despertar el interés de la opinión pública mayoritaria por las soluciones socialistas a la cuestión social. El hecho de perderse en discusiones bizantinas sobre si la socialización debe ser completa o parcial, horizontal o vertical, estatal o sindical, inmediata o gradual, y si debe aplicarse a la producción o al consumo, etc., demuestra que el socialismo no es más que una tendencia hacia la socialización y que carece de una visión exacta de los problemas económicos y de planes de ejecución que, aun siendo aproximativos y provisionales, resulten precisos.

Existieron muchos proyectos orientados a transformar la propiedad privada capitalista de las fábricas o del subsuelo en propiedad colectiva, y algunos llegaron a materializarse. No obstante, en lo que respecta a la tierra y al consumo, por ejemplo, solo encontramos teorías abstractas y proyectos contradictorios e insuficientes; esto demuestra que el llamado socialismo científico -que ridiculizaba los planes de la sociedad futura elaborados por los utopistas- no ha ofrecido soluciones concretas ni orientaciones generales que sean mejores.

Marx y Engels tuvieron el gran mérito de convencer a casi todos los socialistas de que el orden socialista no se establece en función de un plan predeterminado por unos pocos reformadores geniales, sino más bien como resultado natural del proceso de evolución económica y social». Al contraponer el carácter natural de los procesos históricos al carácter ficticio de las construcciones utópicas, formularon una crítica fecunda; sin embargo, la idea de un desarrollo necesario de tales procesos en sentido socialista fue fuente de equívocos doctrinales y errores prácticos.

Afirmar, como hace Engels, que «la socialización de los medios de producción se hace realizable no mediante una concepción abstracta de la justicia, de la igualdad, etc., que se opone a la división de clases, sino, por el contrario, mediante la aparición de nuevas condiciones económicas», constituye o bien la afirmación banal de un hecho evidente -que las teorías no crean las condiciones para su propia realización, pues tales condiciones son producto de procesos históricos y no ideológicos-, o bien una afirmación determinista. En el primer caso, responderíamos que, en el curso de los procesos históricos, las ideologías actúan también como fuerzas activas que, aun sin concretarse plenamente, contribuyen a crear las condiciones materiales que permiten el avance de la tendencia socialista. En el segundo caso, observamos que el materialismo histórico conduce al determinismo económico, el cual desemboca, en ciertos intérpretes del marxismo, en el historicismo sociológico. El gradualismo del socialismo legal y estatal va de la mano de una aversión -muy patente en Kautsky- hacia cualquier plan de reconstrucción económica en sentido socialista. Es evidente que los mecanismos sociales son tan complejos que ningún pensador puede examinarlos desde todos los ángulos ni prever todos sus posibles desarrollos. No obstante, aunque el devenir social -al sumar o anular sus fuerzas de formas infinitas y variadas- no permita elaborar proyectos detallados ni establecer precisiones definitivas, ello no impide que el socialismo requiera un programa práctico como punto de apoyo, del mismo modo que la luz de la hipótesis resulta indispensable para el científico. Kautsky sostiene que el socialista solo puede formular propuestas positivas para la sociedad actual, y no para la futura; tiene razón, pero dicha afirmación es solo parcialmente cierta. Las visiones de futuro que nos permiten imaginar qué formas puede adoptar un desarrollo socialista no son necesariamente de un azul celeste mítico; sin embargo, para arraigar en las mentes, requieren espacio y luz -elementos de los que el pragmatismo «gradualista» inevitablemente las priva mientras los proyectos prácticos y las realizaciones parciales no supongan un avance en el largo camino hacia el ideal.

El socialismo es y seguirá siendo una religión. Solo apelando a la vida espiritual podrá encontrar los hombres y los medios para labrar el terreno de la práctica -terreno al que hay que permanecer aferrado para no acabar en las nubes, pero del cual es necesario apartar la vista para dirigirla hacia las estrellas que nos señalan nuevas rutas hacia mares desconocidos y, sin embargo, anhelados-. Para realizarse históricamente, el socialismo necesita asociarse con las fuerzas políticas y económicas que están en juego en la sociedad actual. Pero, para representar una fuerza de renovación del mundo material, debe forjar sus propios mitos.

Cabe señalar que aquellos mismos que quisieron anclar el socialismo a la realidad para impedirle soñar no supieron ofrecerle las vías amplias y rectas por las que avanzar hacia metas claramente definidas. Oscilando entre una concepción catastrofista de la concentración del capital y el empobrecimiento de las masas -con el enfrentamiento revolucionario como consecuencia- y la necesidad de una lucha de clases que desangrara a la burguesía (esa misma sangre que debía envenenarla), la socialdemocracia se inclinó hacia el parlamentarismo que anula las energías revolucionarias, el cooperativismo utilitarista y el sindicalismo corporativista y cobarde.

La mezcla híbrida de revolucionarismo apocalíptico y gradualismo determinista presente en Marx se reprodujo en la socialdemocracia. El desinterés por los problemas de la economía de transición tiene su origen en el primer elemento; el reformismo, en el segundo.

El socialismo debe superar el infantilismo revolucionario, que percibe posturas nítidas donde existen problemas complejos, así como el reformismo, que no comprende la función histórica de los programas máximos y de los imperativos ideales. «Debe convencerse de la necesidad de combinar, en la propaganda, la fascinación del mito con la conciencia de los imperativos concretos; de conciliar armoniosamente los ideales y los intereses más inmediatos».

Camillo Berneri, en *Pensiero e Volontà*, Roma, 1 de septiembre de 1924.

https://www.socialisme-libertaire.fr/2025/12/camillo-berneri-la-socialisation.html
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