|
A - I n f o s
|
|
a multi-lingual news service by, for, and about anarchists
**
News in all languages
Last 40 posts (Homepage)
Last two
weeks' posts
Our
archives of old posts
The last 100 posts, according
to language
Greek_
中文 Chinese_
Castellano_
Catalan_
Deutsch_
Nederlands_
English_
Français_
Italiano_
Polski_
Português_
Russkyi_
Suomi_
Svenska_
Türkçe_
_The.Supplement
The First Few Lines of The Last 10 posts in:
Castellano_
Deutsch_
Nederlands_
English_
Français_
Italiano_
Polski_
Português_
Russkyi_
Suomi_
Svenska_
Türkçe_
First few lines of all posts of last 24 hours |
of past 30 days |
of 2002 |
of 2003 |
of 2004 |
of 2005 |
of 2006 |
of 2007 |
of 2008 |
of 2009 |
of 2010 |
of 2011 |
of 2012 |
of 2013 |
of 2014 |
of 2015 |
of 2016 |
of 2017 |
of 2018 |
of 2019 |
of 2020 |
of 2021 |
of 2022 |
of 2023 |
of 2024 |
of 2025 |
of 2026
Syndication Of A-Infos - including
RDF - How to Syndicate A-Infos
Subscribe to the a-infos newsgroups
(ca) Italy, FDCA, Cantiere #46 - Somos los salvadores. (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Fri, 25 Sep 2026 08:30:15 +0300
No porque seamos héroes, sino porque nadie más lo hará por nosotros. La
esperanza es una práctica que debemos organizar juntos. - Alessandro
Ferretti --- Desde hace dos meses, Italia sufre una ola de calor
sofocante sin precedentes, convirtiendo cada día en una lucha por la
supervivencia. Sin embargo, en lugar de tomar medidas para afrontar esta
emergencia, el gobierno, haciendo gala de soberanía, ha decidido
endeudarnos a todos con más de veinte mil millones de euros (casi 350
euros por persona) para comprar armas a Estados Unidos, hundiendo aún
más a nuestro país con el fin de enriquecer aún más a la nación más rica
y poderosa del mundo.
A pesar de este rotundo desaire a las necesidades de todos los
italianos, no se ha producido ni se producirá ninguna reacción que se
acerque remotamente a semejante locura. Quienes aún se molestan en
informarse ya no reaccionan ante nada, como boxeadores aturdidos por los
golpes de su oponente.
Aparte de aquellos tan exhaustos que incluso desean que caiga un
meteorito, muchos se consuelan con una ilusión mortal que alimenta la
incompetencia y la resignación: la gente sigue estando demasiado bien,
pero tarde o temprano el absceso reventará y quienes sufren saldrán a
las calles para detener este desastre. Pues bien, sepan esto: no es
cierto. No existe tal mecanismo automático. La psicología y la historia
nos dicen exactamente lo contrario: el sufrimiento prolongado y
creciente no genera ira activa, sino depresión, adaptación forzada y
atomización social en un círculo vicioso potencialmente interminable.
Cuanto peor te sientas, menos energía mental y física tendrás para
organizarte. No habrá una rebelión espontánea que nos salve la vida;
tenemos que ganarnos nuestra salvación, y cuanto más tardemos en actuar,
menos probable será que se produzca una movilización masiva, porque
lidiar con el empeoramiento de las condiciones materiales consume el
tiempo y la energía necesarios para luchar. Los activistas de siempre
hacen lo que pueden, pero no son ni mártires ni santos, y mucho menos
superhéroes.
Las élites gobernantes han comprendido perfectamente esta dinámica y la
explotan sistemáticamente. La paradoja, que les beneficia por completo,
es que las rebeliones progresistas espontáneas triunfan cuando las
condiciones de vida mejoran, como ocurrió en 1789 o 1968. Para mantener
su dominio, quienes ostentan el poder saben que no deben resolver las
crisis ni ofrecer esperanza, sino mantener a la sociedad en constante
decadencia. El ciclo es perverso: empeorar las condiciones sociales
hasta convertir la supervivencia en una lucha constante, desviar la
atención pública canalizando la frustración hacia conflictos estériles y
horizontales, y reprimir con dureza a cualquiera que persista en actuar
mediante decretos de seguridad y la criminalización de la disidencia.
Todo esto debilita a quienes se resisten, creando espacio para una mayor
intensificación de la explotación y la marginación. En este escenario,
la oposición institucional no es la solución, sino simplemente el
respaldo del sistema. Quienes ocupan escaños en el parlamento o en los
gobiernos locales, los líderes de los partidos y los funcionarios no
tienen un interés personal real en promover la lucha contra las
concentraciones de poder que están destruyendo la sociedad, porque solo
les acarrearía riesgos y problemas. Salvo algunas excepciones loables
pero muy raras, prefieren crear oposiciones superficiales, gestionando
el poco poder que aún conservan, esperando a que el desastre acabe por
debilitar a la mayoría gobernante para poder reemplazarla, pero
continuando con la implementación de las mismas políticas y sirviendo a
los intereses de los gobernantes.
Es una película que hemos visto demasiadas veces como para pretender que
esta vez será diferente, así que dejemos de engañarnos: ningún salvador
vendrá del cielo. ¡Por favor, vayamos a votar!, pero sabiendo que
quienquiera que asuma el cargo seguirá gestionando impávidamente el
declive, para mayor gloria de quienes ya lo tienen todo pero quieren aún
más.
Para escapar de esta trampa, primero debemos dejar de cultivar la
actitud perniciosa de criticar a quienes se oponen al poder pero no lo
hacen de la manera "correcta".
Incluso ahora, todavía tenemos que escuchar a gente pontificando que "la
izquierda debería preocuparse por los trabajadores en lugar de por los
jóvenes, los derechos LGBT o los migrantes". Este discurso solo sirve
para sembrar la división entre quienes luchan por mejorar sus
condiciones, fomentando una guerra absurda entre los menos privilegiados
sobre quién debe tener prioridad. La lucha debe ser una y clara: contra
las élites, contra los superricos, contra quienes se lucran con la
devastación de nuestras vidas. El enemigo son quienes están
transformando nuestra existencia en una pesadilla distópica, no el
compañero de clase que exige un mínimo de dignidad. Mirar hacia arriba,
unidos contra los que están en la cima, es la única perspectiva que nos
impide destruirnos mutuamente.
Otros justifican su simbiosis con el sofá argumentando que toda esta
acción es inútil y solo sirve para hacernos sentir mal. Sin embargo, ha
habido una señal, reciente, de que romper la inercia produce resultados
concretos. Millones de personas salieron a las calles para detener el
genocidio en Gaza, a pesar de la represión, el silencio cómplice de las
instituciones y el cansancio: impulsaron el tema a la agenda pública,
desmantelaron el discurso dominante y obligaron a la política a
considerar la movilización real. Ese alto el fuego, por frágil que sea,
demuestra que la acción colectiva tenaz aún puede romper la inercia.
Pero un éxito pasajero no nos salvará: debe convertirse en una práctica
continua y estructurada.
Debemos dejar de ser espectadores pasivos de nuestro propio naufragio.
Una vez que reconozcamos la inutilidad fundamental del voto, una forma
de encontrar la fuerza para resistir juntos es reconstruir el tejido
social desde la base, en los barrios, los lugares de trabajo y las escuelas.
Existen innumerables vías de acción que pueden impactar la maquinaria
que destruye la esperanza aquí y ahora. Podemos luchar para deconstruir
nuestras ciudades plantando árboles y creando jardines, oponiéndonos a
proyectos especulativos que consumen terrenos y elevan las temperaturas.
Podemos luchar contra la gentrificación y la turistificación, que
disparan los alquileres y aumentan los desahucios, defendiendo el
derecho a la vivienda frente a la especulación. Podemos crear
herramientas de información local alternativas, describiendo los
mecanismos y consecuencias locales del declive organizado y las
experiencias de resistencia que buscan revertirlo. Romper el monopolio
de la narrativa es esencial para salir del aislamiento y demostrar que
no estamos solos en nuestra rebelión. Podemos defender la salud pública
oponiéndonos al cierre de servicios, participando en campañas de boicot
dirigidas contra empresas cómplices de destrucción ambiental o
genocidio, y trabajando para liberar y restaurar espacios públicos
abandonados, transformándolos en lugares de encuentro e interacción
social, alternativas a los espacios exclusivamente comerciales. No se
trata de acciones pasajeras: son talleres prácticos donde aprendemos a
debatir temas concretos, colaborar, unir a las personas y defender la
dignidad.
En este contexto, las universidades y las escuelas son cruciales. Se han
transformado en engranajes de un sistema diseñado para promover una
meritocracia vacía del conocimiento, disciplinando, seleccionando y
marginando. Sin embargo, los docentes conscientes que trabajan en ellas
aún tienen la oportunidad de fomentar espacios de apertura mental y
crítica del sistema, experimentando con métodos de enseñanza
alternativos y la autoeducación colectiva. El mito tóxico de la
excelencia y el mérito, que solo sirve para enmascarar los privilegios
de los ricos y generar culpa en quienes no pueden alcanzarlos, puede
deconstruirse reivindicando los derechos y ampliando horizontes más allá
del individualismo. Se pueden construir redes de acción conjunta entre
estudiantes, investigadores precarios, trabajadores y docentes,
devolviendo al conocimiento su función de decodificar la realidad,
revelando la lógica de quienes detentan el poder y creando las
condiciones para el cambio.
Sé que este razonamiento es simplista y que existen enormes obstáculos
entre decir "organémonos" y hacerlo realmente: cansancio, falta de
tiempo, habilidades que no se pueden improvisar, conflictos internos,
miedo al fracaso. No pretendo ofrecer un manual ni una fórmula mágica
que funcione para todos los barrios o lugares de trabajo; esta es una
invitación a emprender un viaje, no un mapa detallado de la ruta. Las
respuestas sobre cómo hacerlo, cómo apoyarnos mutuamente, cómo no
perdernos, solo se encuentran caminando juntos: los nudos se deshacen al
hablar de ellos con otros, no al darles vueltas en soledad.
Seamos completamente honestos: ningún texto nos salvará, ni siquiera
este. Estas páginas solo son útiles si sirven de pretexto, si se las
pasas a un colega, un vecino o un compañero de clase, y se convierten en
la ocasión para esa conversación largamente postergada.
Lo que nos conmueve no es lo que leemos, sino el rostro de alguien que
te mira y te pregunta: ¿Lo hacemos juntos?
La esperanza no es un cuento de hadas que nos cuentan al final del día,
sino una práctica que debemos construir con compromiso y organización.
Si esperamos a que el dolor nos despierte, despertaremos en una
pesadilla sin escapatoria. La única salida es dedicar energía real,
continua y persistente a la actividad política diaria, ahora, antes de
que la oportunidad se esfume por completo. Empecemos a hablar con
quienes nos rodean, organicémonos en nuestros lugares de trabajo,
escuelas y barrios.
El tiempo se acaba, seguir esperando a Godot sería un auténtico suicidio.
https://alternativalibertaria.org/
_______________________________________
AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
De, Por y Para Anarquistas
Para enviar art�culos en castellano escribir a: A-infos-ca@ainfos.ca
Para suscribirse/desuscribirse: http://ainfos.ca/mailman/listinfo/a-infos-ca
Archivo: http://www.ainfos.ca/ca
- Prev by Date:
(en) France, OCL CA #362 -A libertarian communist perspective on a struggle at a middle school (ca, de, fr, it, pt, tr)[machine translation]
- Next by Date:
(ca) Turkey, Yeryuzu Postasi: La diferencia entre articulación social y entrismo (político) - Carl Eugene Stroud (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
A-Infos Information Center