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(ca) Spaine, Regeneraton: Año 2025: el ciclo de los señores de la guerra en el capitalismo tardío Por liza (en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Mon, 26 Jan 2026 07:55:32 +0200


El año 2025 ha sido, quizá, uno de los años más agitados en la geopolítica mundial, y también en cuanto a revueltas y frentes de lucha de la clase trabajadora internacional que, denotan un clarísimo crecimiento cualitativo y cuantitativo de los conflictos sociales, pero también una expansión de la ofensiva estratégica de la clase dominante imperialista. Esta proyección a futuro, leyendo razonablemente la propaganda belicista, el lenguaje desafiante y agresivo y el incremento del gasto militar de la OTAN, con un genocidio sobre Palestina como telón de fondo, nos augura un escenario de guerra para el que el capitalismo está preparándose y alentando. Hemos seleccionado algunos de estos conflictos, revueltas y la represión contra movimientos sociales que, a lo largo de todo el planeta, se han desarrollado durante el 2025, y a los que las organizaciones revolucionarias deberíamos atender para hacer mejores análisis coyunturales globales. Se han elegido aquellos eventos que han tenido un impacto masivo por tratarse de movilizaciones populares, huelgas, levantamientos estudiantiles, proyectos de autonomía...

Índice
El continente asiático ha sido en 2025 uno de los principales escenarios de la recomposición del conflicto social a escala global. La región concentra una parte decisiva y masiva de la producción capitalista mundial, cadenas logísticas estratégicas, disputas imperialistas regionales entre EE.UU., China, India o Rusia, y una creciente militarización. Este contexto ha profundizado las contradicciones de clase, acelerando procesos de empobrecimiento, autoritarismo estatal y resistencia popular. Estos conflictos asiáticos expresan enormes potencialidades para la construcción de fuerzas sociales organizadas, concentrando un porcentaje altísimo de población mundial, y en proyección de sindicalización y toma de consciencia en la última década.

Asia: crisis estructural, autoritarismo y recomposición de la lucha de clases

En Indonesia, este año ha estado marcado por una oleada de protestas obreras, estudiantiles y comunitarias contra el encarecimiento de la vida, las reformas laborales reaccionarias y la intensificación del modelo extractivista. Las movilizaciones se extendieron sobre todo desde finales de agosto, cuando fue asesinado un conductor de mototaxi tras el atropello por un vehículo policial en el contexto de la represión a la disidencia popular que se manifestaba. Alcanzaron un carácter masivo especialmente en las islas de Java y Sumatra, sumándose reivindicaciones de trabajadores como la precariedad del mercado laboral, o denunciando la privatización de recursos naturales del país. Los sindicatos oficiales actuaron como diques de contención de las protestas, pero emergieron coordinaciones de base y alianzas entre trabajadores industriales, campesinado y sectores urbanos precarios. La represión estatal fue muy significativa, evidenciando el papel del Estado indonesio como garante del capital transnacional y los intereses regionales.

Revueltas en Indonesia
En Nepal, se produjeron enormes protestas populares durante el 2025, denunciando el desgaste del sistema político y la vasta corrupción estructural, pero también cuestiones materiales como el desmedido desempleo juvenil. La Generación Z ha visibilizado un gran descontento de amplios sectores populares que perciben que el sistema parlamentario resultante de la transición institucional tras la guerra civil nepalí (1996-2006), ha supuesto tan solo una recomposición estratégica de las élites. Las movilizaciones, aunque fueron bastante fragmentadas, mostraron una creciente desconfianza en los partidos tradicionales, y va asentándose un discurso más radical donde aparecen formas de autoorganización barrial y estudiantil, si bien no tienen una articulación estratégica sólida todavía.

En Bangladesh, la lucha de las trabajadoras y trabajadores del sector textil ha vuelto a situarse este año en el centro del conflicto social. Las huelgas por salarios dignos y condiciones laborales mínimas siempre son respondidas con una enorme represión, mostrando que los estados asiáticos son disciplinarios del capitalismo y su deslocalización industrial, cuando el sistema neoliberal vio un nicho de nueva explotación manufacturera en estos países. La ausencia de unas estructuras sindicales combativas y masivas consolidadas limita el alcance de estas luchas, pero su crecimiento y continuidad también señalan una tensión sostenida contra las consecuencias de la explotación en esta región.

Por último, la autonomía kurda en el norte y este de Siria ha continuado en este 2025 en una situación crítica, sometida a la presión militar turca, el chantaje de las potencias regionales y al progresivo aislamiento internacional. A pesar de ello, la experiencia continúa con un proyecto de autogobierno parcial con elementos de democracia directa y organización comunitaria, siendo referencia de movimientos revolucionarios, aunque con la necesidad de un balance crítico por delante sobre las deficiencias de la estrategia del confederalismo democrático.

África: reconfiguración imperialista, colapso estatal y resistencias populares
El continente africano ha ocupado en 2025 un lugar central en la disputa geopolítica global, como territorio de extractivismo, corredor estratégico y espacio de recomposición de influencias entre viejas y nuevas potencias imperialistas. El agotamiento de los modelos post-coloniales, la violencia estructural del capitalismo extractivo y la militarización creciente, han profundizado procesos de guerra social abierta desde hace décadas. El continente muestra tanto dinámicas reaccionarias, como grietas donde emergen luchas populares, contradicciones revolucionarias y rechazos explícitos al orden imperialista. Es fundamental apoyar esas luchas antiimperialistas sin idealizar los proyectos estatistas detrás, fortaleciendo las redes internacionalistas y apostar por una autoorganización para asegurar que la ruptura con el colonialismo no derive en nuevas formas de dominación.

En Sudán, continúa sumido en una guerra brutal entre facciones militares, limpieza social y represión del exilio político. Estas familias militares representan intereses confrontados de la élite capitalista regional. La población civil ha sido desplazada forzadamente y masacrada, con asesinatos masivos y una destrucción sistemática de la vida social de las comunidades. En este contexto, militantes revolucionarios y anarquistas -muchos de ellos ya en exilio- han sufrido persecución, desapariciones y asesinatos, tanto dentro del país como en rutas migratorias y espacios de refugio por sus labores de solidaridad. El aplastamiento de las redes surgidas tras el levantamiento popular de 2019, confirma que la guerra funciona como mecanismo de contrarrevolución preventiva frente a cualquier posibilidad de autoorganización popular.

Disturbios en Sudán
En Marruecos la juventud precarizada sostiene una protesta contenida que nunca llega a estallar completamente. Este 2025 ha estado protagonizado por protestas juveniles intermitentes contra el desempleo, la carestía de vida y ausencia de perspectivas de futuro, incluyendo críticas al régimen monárquico. Este mantiene un férreo control represivo, especialmente sobre activistas sociales y sindicales, además se detecta una acumulación de malestar en barrios populares y periferias urbanas. La combinación de autoritarismo político, neoliberalismo y alineamiento con los intereses europeos sitúa al régimen marroquí como un actor clave de estabilidad reaccionaria en el norte de África.

En Etiopía la Guerra del Tigay sigue proyectando sus consecuencias en 2025. Si bien los combates abiertos se han reducido respecto de los últimos años, la región está completamente devastada y hay una fuerte presencia militar que asegura la represión política. El conflicto ha evidenciado durante estos años el carácter autoritario del poder etíope y la instrumentalización étnica como forma de control social. Las poblaciones campesinas y trabajadoras continúan atrapadas entre un fuerte militarismo estatal y las élites dominantes regionales.

En el Sahel se ha dado una ruptura con Francia y una ambigüedad revolucionaria. Los levantamientos militares, destacando el de Burkina Faso con el liderazgo del joven Ibrahim Traoré, ha representado este año un golpe al viejo colonialismo francés disfrazado de extractivismo. El rechazo popular a los intereses de Francia en la región es contundente, evidenciado en una voluntad clara de soberanía frente al saqueo histórico. Sin embargo, tras esa ruptura con el orden imperialista y el apoyo popular masivo, sigue habiendo unas estructuras militares estatales, sin una organización revolucionaria de la clase trabajadora que es la única garante de una transformación social profunda.

Norteamérica: la utraderecha trumpista y las resistencias populares en EE.UU.
En 2025, Estados Unidos ha profundizado su deriva autoritaria interna al mismo tiempo que desarrolla una estrategia directa de ofensiva imperialista externa. La militarización policial, el recrudecimiento de las políticas antimigratorias y el uso del racismo como herramienta de disciplinamiento social han marcado un escenario de guerra interna contra los sectores más precarizados de la clase trabajadora. No deben entenderse como desviaciones coyunturales, sino expresiones estructurales de refuerzo de las posiciones de un capitalismo en crisis, cuya única salida de ahora en adelante, estamos viendo que será el reforzamiento de un estado represivo policial para sostener su hegemonía.

Concentraciones EEUU
Las campañas del ICE (policía migratoria y de control de aduanas) han intensificado las redadas, detenciones masivas y deportaciones, especialmente contra comunidades latinoamericanas y racializadas. Esas políticas xenófobas han generado respuestas organizadas de autodefensa comunitaria, redes de apoyo mutuo y movilizaciones masivas contra la violencia estatal. Paralelamente se ha incrementado la represión contra el movimiento Antifa, criminalizando cualquier forma de organización contra el discurso de extrema derecha estadounidense y equiparándolo con una entidad terrorista interna. Movimientos como Stop Cop City en Atlanta se han consolidado como proyectos sociales de resistencia, articulando luchas ecologistas, antirracistas y anticarcelarias frente a la construcción de un macrocentro de entrenamiento policial. Iniciativas como la movilización «No Kings», han cuestionado el autoritarismo y la concentración de poder del gobierno de Donald Trump y reflejan una politización en el corazón del imperialismo, pero aún difusa o desviada por proyectos socialdemócratas como la campaña en torno al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.

El desafío de las clases populares de EE.UU. pasa por superar la dispersión de esas luchas, fortalecer estructuras de clase estables y avanzar hacia una coordinación revolucionaria y efectiva de luchas que confronte al capital y el imperialismo de manera sostenida más allá de ciclos reactivos de protestas.

América Latina y el Caribe: crisis social permanente, recomposición popular y amenaza fascista
En América Latina, el año 2025 ha estado atravesado por una combinación de crisis económica permanente sostenida sobre la deuda externa, el autoritarismo estatal y, renovados estallidos de conflicto social. La región continúa siendo un espacio central de disputa imperialista, con Estados Unidos actuando siempre como sujeto agresor, a través de la injerencia política, militar y económica para contener cualquier proceso que cuestione su hegemonía.

Marcha en Ecuador
En México, las movilizaciones contra las desapariciones forzadas han vuelto a ocupar un lugar protagonista de la escena social, impulsadas por familiares organizados y colectivos autónomos que denuncian la connivencia estructural entre Estado, capital y crimen organizado. A esto se suman protestas contra el Mundial de 2026, señalado como un megaproyecto de despojo urbano, militarización y gentrificación, así como crecientes luchas por la vivienda en grandes ciudades. Estas resistencias, aunque fragmentadas también, expresan una oposición clara al modelo de desarrollo neoliberal y extractivista.

Perú sigue inmerso en una crisis política profunda, con protestas habituales contra un régimen sostenido por la represión y el racismo estructural hacia las poblaciones indígenas y campesinas. En Ecuador, el movimiento indígena mantiene su papel como actor central de oposición al gobierno del empresario Daniel Noboa, enfrentando políticas de ajuste, militarización y saqueo territorial. Haití representa el colapso extremo del orden estatal cuando el capitalismo decide prescindir de esa entidad, con una población sometida a la violencia del crimen organizado, la miseria y la intervención permanente de potencias extranjeras.

En Argentina, el año 2025 ha estado marcado por huelgas generales y conflictos sindicales frente a las políticas neoliberales de Javier Milei, en los que el peronismo clásico sigue manteniendo una postura tibia, esperando canalizar su rédito político electoral pasado el ciclo ultraliberal. Mientras que, en Chile, el descalabro electoral de la socialdemocracia de Boric y su sucesora Jeannette Jara, ha abierto un espacio político de derrota aprovechado por fuerzas reaccionarias, demostrando una vez más que el reformismo nacido de revueltas en América Latina son el caballo de Troya de la extrema derecha. Todo ello se inscribe en un ascenso del fascismo regional, alentado por la política antiinmigración y agresiva de EE. UU., incluidas las continuas presiones y agresiones contra Venezuela.

La tarea urgente en América Latina es la construcción de un frente antifascista de clase, internacionalista y autónomo del partidismo oficial y las desviaciones socialdemócratas, que supere tanto el progresismo institucional como las salidas autoritarias y que apueste por la organización popular como eje de una transformación social.

Europa: militarización impuesta por la OTAN y consolidación de la agenda ultraderechista
Europa entraba ya en el año 2025 atravesada por una profunda crisis estructural, que lleva fraguándose algunas décadas, y que combina un empobrecimiento generalizado de la clase trabajadora, la militarización acelerada y una creciente conflictividad social. La subordinación estratégica a la OTAN y a los intereses del imperialismo estadounidense han convertido al continente europeo en retaguardia logística, energética y campo de ensayo de una política de la guerra, mientras las clases populares asumen el coste directo en forma de inflación, recortes sociales y precarización. Se están viviendo los efectos directos de la deriva autoritaria del capitalismo en tiempos de crisis.

En Alemania, las luchas contra la expansión de Tesla y la industria del automóvil eléctrico han adquirido un carácter estratégico. Las protestas contra la factoría de Tesla en Brandeburgo han articulado luchas ecologistas, sindicales, y vecinales frente al consumo masivo de agua, la precarización laboral y la mercantilización «verde» de la transición energética. A ello se suman movilizaciones contra el relanzamiento de la energía nuclear y la militarización industrial, que evidencian cómo la denominada transición ecológica está siendo utilizada como nuevo ciclo de acumulación capitalista. La respuesta de los estados europeos, basada en criminalización y vigilancia, evidencia ante la masa social los límites de la democracia liberal cuando se cuestionan intereses estructurales del capital.

Concentraciones en Alemania contra Tesla
Serbia ha vivido en 2025 una fuerte polarización política con protestas masivas contra el gobierno, alimentadas por la corrupción, el autoritarismo y el deterioro de las condiciones de vida. Sectores juveniles y populares han protagonizado movilizaciones sostenidas, combinando demandas sociales con un rechazo frontal al régimen. Sin embargo, la ausencia de organizaciones de clase fuertes y la disputa entre nacionalismo reaccionario y liberalismo proeuropeo limitan el horizonte emancipador del conflicto, que oscila entre la revuelta social y su posible cooptación.

Marchas en Serbia
Sin embargo, es la guerra entre Rusia y Ucrania la que continúa marcando el eje central de la geopolítica europea. En 2025, el conflicto se ha cronificado, consolidando una economía de guerra que justifica el aumento del gasto militar y la reorientación de recursos públicos hacia la industria armamentística. Las sanciones económicas, la dependencia energética y la ruptura de cadenas de suministro han profundizado una crisis de recursos que golpea especialmente a los sectores populares de Europa. El discurso de defensa de la «democracia europea» actúa como herramienta de desmovilización y silenciamiento de la disidencia política. El conflicto que tiene como escenario el territorio europeo, está siendo en realidad una disputa imperialista consumiendo vorazmente recursos y como campo de prueba de la militarización que necesita el capitalismo para afrontar la crisis futura que viene fraguándose, y en la que Europa representa un actor de segunda en el siglo XXI. El reto principal que tenemos en Europa es recomponer una política revolucionaria de clase e internacionalista, capaz de articular los frentes de luchas sociales, ecológicas y antimilitaristas en un proyecto que confronte al capitalismo, situando la autoorganización obrera como eje de reforzamiento contra esta crisis.

Coyuntura general. Frente a la guerra imperialista, el genocidio sionista y el fascismo; respuesta internacionalista de clase
El balance global de 2025 confirma que el capitalismo atraviesa una fase de crisis orgánica de primer orden en la que la guerra, el autoritarismo y el fascismo no son en absoluto excepciones; sino que vuelven a posicionarse como herramientas tácticas estructurales de los gobiernos globales. Estos conflictos internacionales analizados no son episodios aislados, sino expresiones de una misma ofensiva estratégica de la clase dominante, que tiene como punta de lanza el genocidio sobre Palestina. El capitalismo está recomponiendo su acumulación de fuerza represiva para disciplinar a nuestra clase y bloquear cualquier horizonte revolucionario, generando así las condiciones ideales para desmovilizar. Pero, al mismo tiempo, el capitalismo también crea las condiciones de ruptura y brecha que se solapan como posibilidades de acción política conjunta de nuestra clase trabajadora en plena consciencia de la explotación. La militarización generalizada, el incremento de gasto bélico mundial y la normalización de un lenguaje de guerra, anuncian un escenario de confrontación abierta próximamente, que el capital no solo prevé, sino que prepara activamente.

El genocidio perpetrado contra Palestina por el Estado nazisionista de Israel constituye el eje moral y político de esta coyuntura internacional. No es un conflicto regional más, es un laboratorio de guerra neocolonial, limpieza étnica y control de la población al servicio de intereses imperialistas. La internacionalización de la lucha en apoyo a Palestina durante el 2025 ha actuado como catalizador de procesos de politización desde abajo, articulando movilizaciones masivas, boicots, redes de apoyo mutuo y prácticas de autoorganización que han reactivado una conciencia de clase internacionalista, especialmente entre la juventud precarizada. Palestina se ha convertido, de facto, en el punto de encuentro de luchas contra el capitalismo, el racismo y el militarismo.

En este marco, el aumento de la tensión contra Irán revelaba la voluntad de Estados Unidos de redibujar el equilibrio de fuerzas en Oriente Medio, dando un aviso sobre la neutralización de cualquier actor que escape a su control estratégico. Además, la ofensiva sobre América Latina -histórico «patio trasero» de EE. UU.- con un refuerzo del control político, económico y militar sobre la región, así como la constante presión sobre Venezuela, deben entenderse como uno más en los pasos necesarios para garantizar una retaguardia estable antes de una confrontación futura inevitable con China, donde Taiwán aparece como pieza clave de provocación calculada. Esos pulsos que está abordando el imperialismo estadounidense forman parte de un resideño más amplio de contención regional en algunas latitudes, y que conecta directamente con esa proyección ofensiva hacia Asia-Pacífico.

Desde nuestra perspectiva anarquista revolucionaria, esta lucha contra el capitalismo no puede ser parcial, si bien la urgencia real es combatir el fascismo en crecimiento que ha surgido nuevamente como proyecto capitalista para destruir la organización obrera y dividir a nuestra clase asegurando la sumisión. La única respuesta viable es la construcción de un programa político revolucionario internacionalista, basado en la organización e independencia de la clase trabajadora, la solidaridad entre luchas y la confrontación directa con el capital. El 2025 y los años anteriores, dejan claro que el futuro no se disputa en instituciones, sino en la capacidad de nuestra clase para organizarse y acumular colectivamente fuerza social hacia una ruptura revolucionaria con el orden capitalista existente. Frente a la fragmentación de luchas, combatamos con organización de clase, porque el anarquismo, o es revolucionario, o no es nada.

Ángel Malatesta, militante de Liza Madrid.

https://regeneracionlibertaria.org/2025/12/29/ano-2025-el-ciclo-de-los-senores-de-la-guerra-en-el-capitalismo-tardio/
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