A - I n f o s

a multi-lingual news service by, for, and about anarchists **
News in all languages
Last 40 posts (Homepage) Last two weeks' posts Our archives of old posts

The last 100 posts, according to language
Greek_ 中文 Chinese_ Castellano_ Catalan_ Deutsch_ Nederlands_ English_ Français_ Italiano_ Polski_ Português_ Russkyi_ Suomi_ Svenska_ Türkçe_ _The.Supplement

The First Few Lines of The Last 10 posts in:
Castellano_ Deutsch_ Nederlands_ English_ Français_ Italiano_ Polski_ Português_ Russkyi_ Suomi_ Svenska_ Türkçe_
First few lines of all posts of last 24 hours | of past 30 days | of 2002 | of 2003 | of 2004 | of 2005 | of 2006 | of 2007 | of 2008 | of 2009 | of 2010 | of 2011 | of 2012 | of 2013 | of 2014 | of 2015 | of 2016 | of 2017 | of 2018 | of 2019 | of 2020 | of 2021 | of 2022 | of 2023 | of 2024 | of 2025 | of 2026

Syndication Of A-Infos - including RDF - How to Syndicate A-Infos
Subscribe to the a-infos newsgroups

(ca) Spaine, Regeneration: Del desencuentro al diálogo: aclaraciones sobre el especifismo Por EMBAT (en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Thu, 22 Jan 2026 07:13:55 +0200


En el número 4 de la revista Redes Libertarias https://redeslibertarias.com/2025/12/01/redes-libertarias-no-4/ se publicó el artículo "Anarquismos. El especifismo" por parte de Laura Vicente. Como militante de una organización que se enmarca dentro de la corriente especifista, me gustaría empezar agradeciendo el tiempo dedicado, la reflexión que plantea el artículo y la voluntad de pensar el anarquismo desde su pluralidad; así como el interés en nuestra corriente. Considero que únicamente el diálogo y la contraposición fraternal de ideas nos pueden permitir (a la par que obligar) a ir desarrollando mejor nuestra ideología y estrategias. Partimos del mismo punto: el anarquismo no es uno, sino una constelación de prácticas, sensibilidades y tradiciones que dialogan entre sí. A partir de ahí, me gustaría aportar algunas precisiones y matices, con ánimo constructivo.

En primer lugar, el planteamiento que abre el texto, que vincula de alguna forma el especifismo y el plataformismo como si fueran lo mismo o si uno derivara directamente del otro, merece una matización histórica y conceptual. Cuando en la Federación Anarquista del Uruguay (FAU) se formuló la propuesta especifista, no lo hicieron leyendo o emulando a la Plataforma de Archinov, de hecho ellas mismas mencionan que inicialmente desconocían su existencia. Es verdad que existen coincidencias terminológicas y estratégicas -como la insistencia en la necesidad de organización, la cohesión interna o la responsabilidad militante-, pero afirmar una relación de filiación directa corre el riesgo de oscurecer las condiciones locales que hicieron surgir esas propuestas: tradiciones sindicales, su propia experiencia revolucionaria, crisis concretas de los movimientos y debates internos que tuvieron sus propios caminos. En otras palabras, a menudo hablamos de semejanza de conclusiones más que de transmisión textual o de genealogía lineal. Reconocer esa convergencia conceptual permite escuchar críticas sin convertirlas en una condena genética: muchas veces diferentes experiencias llegan a diagnósticos comunes porque enfrentan problemas semejantes, no porque una copie a la otra.

El caso de Malatesta ilustra precisamente esta complejidad. Sus objeciones iniciales a la Plataforma han sido una fuente de confusión. El debate epistolar con Majno muestra hasta qué punto las controversias pueden depender de giros lingüísticos y de la mediación de terceros (en este caso, de la traducción del texto de la Plataforma hecha por Volin, uno de sus mayores detractores). Pero si leemos con atención la correspondencia con Majno (al final de la cual se llega a posiciones comunes) y otros textos de Malatesta, veremos que no estamos ante un rechazo total de cualquier forma de disciplina o organización coherente; más bien, su crítica apunta a cualquier forma de disciplina que se convierta en sumisión acrítica a jefes y aparatos. Cuando recuperamos sus formulaciones sobre responsabilidad y coordinación, descubrimos un núcleo de convergencia con algunos de los principios que más tarde defenderían quienes hablaron de "minoría activa": no una vanguardia que sustituye a la clase, sino grupos organizados que, desde la base, buscan aumentar la eficacia de la acción común. Este matiz es crucial: no hablamos de una élite que sabe por todos, sino de compañeras que se comprometen y se forman para intervenir mejor en los procesos sociales.

Respecto a la crítica a la formación interna y al planeamiento estratégico, conviene recordar que la historia de los movimientos sociales y revolucionarios está llena de improvisaciones heroicas que terminaron siendo trágicamente ineficaces. Postular que la preparación equivale a autoritarismo es, en parte, una inversión del problema. La formación no es un mecanismo para cerrar la discusión sino un espacio para clarificar análisis, compartir herramientas y articular prácticas. Evidentemente, no hay garantía de que planear nos haga infalibles, pero actuar sin reflexión previa allí donde sea posible suele ser una forma de reproducir errores evitables. Pensar (no como dogma sino como práctica colectiva) permite también desarrollar formas de respuesta más humildes y adaptativas. La crítica al "mesianismo" es legítima cuando la teoría se pretende dictamen: el peligro surge si se confunde organización con doctrina incuestionable. Pero negar la necesidad de formación porque algunos la usen para imponerse es un reduccionismo que no nos ayuda. Sin formación y democratización del conocimiento, los debates se acaban polarizando (con suerte) en figuras académicas elevadas por encima del resto. Lo saludable es insistir en una formación abierta, crítica y permeable a la discusión. Además, también corremos el riesgo de invisibilizar que precisamente cuando hay que tomar decisiones de forma espontánea y rápida, suelen ser las voces más "autorizadas" las que se imponen. Por lo que desde nuestro punto de vista, la conversación y preparación previa permite un proceso deliberativo mucho más horizontal.1

Por otro lado, la manera en que el artículo interpreta la figura de la "minoría activa" como sinónimo de vanguardia me parece que adolece de simplificación. Por ello, conviene discutir con precisión conceptual de qué estamos hablando: una vanguardia, entendida como élite que dirige desde fuera, es incompatible con principios anarquistas; una minoría activa organizada desde el afecto, humildad y responsabilidad, que se forma y trabaja dentro de los movimientos de masas, no lo es. La discusión central no es si nos organizamos fuera de los espacios amplios, sino cómo lo hacemos. ¿Se trata de crear guetos militantes que despliegan su línea de forma verticla "hacia las masas", o de articular prácticas simultáneamente internas y públicas que acompañan, fortalecen y aprenden de procesos más amplios? El especifismo propone esto último: organizaciones que no se aislan, sino que se insertan con claridad política y coherencia de medios y fines. Si eso se llama "autoritarismo" por defecto, perdemos la oportunidad de debatir formas concretas de relación entre las formas de organizarnos entre anarquistas y las formas de organizarnos con el resto.

En la lectura que el artículo elabora sobre la revolución española de 1936 también conviene hacer algunos comentarios. Por un lado, parece dar a entender (y me disculpo por adelantado si no es la intención) que el especifismo convergería con las posiciones del PCE/PSUC:

"La revolución de 1936 es un ejemplo de revolución modelizada y un ejemplo de cómo fue leída a la luz de una teleología en la que unos y otros consideraban que no era el momento de la revolución"

Si es ese el significado, sería un análisis del todo incorrecto. No conozco texto alguno del especifismo que plantee tal cosa, de hecho, en general creo que nuestro planteamiento va en dirección contraria. Incluso la cita que se utiliza de Fontenis apunta en esa dirección: que la dirección de CNT y FAI fallaron al movimiento no atreviéndose al famoso "ir a por el todo" preconizado por García Oliver.

Pero, en todo caso, precisamente la revolución de 1936 nos puede servir de ejemplo2. En ella se combinan elementos de espontaneidad con procesos planificados. Fueron precisamente sectores anarquistas organizados los que tuvieron la capacidad de levantar colectividades, milicias y estructuras de defensa en condiciones de urgencia. No lo hicieron desde la espontaneidad absoluta. Se llevaban años, sino décadas, de preparación y acumulación (no lineal) de fuerzas. La existencia de los cuadros de defensa, y la preparación previa de redes de apoyo no convierte automáticamente a quienes las desarrollaron en autoritarias. Tampoco implica que hacer lo mismo garantice el mismo resultado.

Coincido en que es totalmente imprescindible evitar la lectura teleológica que reduce todo a la supuesta superioridad política de una dirección única. Pero al mismo tiempo, negar que hubo preparación y que esa preparación jugó un papel clave en la capacidad de resistencia es empobrecer la historia. Reconocer que hubo planificación dentro de un movimiento de masas no equivale a celebrar al partido, sino simplemente a comprender la pluralidad de recursos que permitieron sostener la acción colectiva.

También es importante matizar la supuesta omisión o el subrayado insuficiente del papel de Mujeres Libres. Si afirmamos que el especifismo ignora estas experiencias, corremos el riesgo de proyectar sobre una categoría política una incapacidad que la realidad contradice. Embat somos una organización especifista, y reconocemos y reivindicamos el importante papel de tal experiencia. Y también agradecemos el esfuerzo de historiadoras e investigadoras que habéis dedicado tiempo y esfuerzos en visibilizarla y darla a conocer. Para nosotras es un claro ejemplo del tipo de organizaciones anarquistas que defendemos: organización de militantes anarquistas que se reúnen entre ellas, mantienen sus debates y formación, e intervienen en los movimientos de masas. Y, evidentemente, su praxis no era una fórmula de vanguardia autoritaria; más bien, la construcción de capacidades colectivas para intervenir en la vida social y política con la autonomía suficiente para enfrentarse a los obstáculos (que en muchos casos ponían sus propios compañeros libertarios). Negar esa experiencia como parte del legado del anarquismo organizado es perder un referente valioso para pensar cómo confluyen especificidad y movimiento de masas en clave anarcofeminista.

Sobre la relación entre acción y teoría, en el artículo se afirma que "ninguna teoría ha transformado nunca la realidad" y plantea, desde mi punto de vista con razón, que la praxis tiene un peso crucial. Sin embargo, presentar esa idea como una excusa para desestimar el trabajo teórico en su dimensión organizativa es empobrecer la reflexión colectiva. La teoría, cuando se entiende como instrumento para comprender condiciones y articular tácticas, no es un dogma sino una herramienta más en el arsenal transformador. El peligro real aparece cuando la teoría se instrumentaliza para justificar imposiciones. Por el contrario, una teoría crítica y situada puede multiplicar la capacidad de las fuerzas sociales para actuar con sentido de conjunto sin perder el respeto por la autonomía de las prácticas concretas. Criticar una teorización desarraigada de la práctica es legítimo y necesario; hacerlo de forma totalizadora hace imposible pensar estrategias mínimas de coordinación y autoformación que muchas veces son imprescindibles para sostener luchas prolongadas.3

En relación a la inserción social también creo que hay algunas diferencias de concepto. Cuando el especifismo habla de "inserción", no se trata de un gesto de superioridad intelectual o moral. Se trata de reconocer que la organización específica debe convivir y relacionarse en los espacios más amplios y que no puede actuar de forma aislada. El dualismo organizacional -estructuras anarquistas propias y participación activa en movimientos amplios- es una apuesta por la complementariedad: la organización específica no sustituye ni dirige, sino que aporta capacidades organizativas, prácticas de solidaridad y análisis compartidos que pueden hacer más coherente y robusto un proceso social. La alternativa, una organización difusa que renuncie a cualquier coherencia estratégica, también conlleva riesgos: invisibilización, pérdida de recursos y dificultad para sostener compromisos colectivos en el tiempo. La pregunta clave no es "¿organizarse o no?" sino "¿cómo organizarnos para potenciar, no para ahogar ni dirigir, las luchas populares?".

El tratamiento de la experiencia de la Organisation Pensée Bataille y la crítica del Grupo Kronstand exige también una lectura afín a la contextualización. Por un lado, que esa sea precisamente la única experiencia práctica del especifismo que se analiza en el artículo me parece que no permite una discusión honesta de la cuestión. No creo que sea algo que haya que poner debajo de la alfombra. Hay que analizar y evaluar críticamente cualquier desarrollo práctico. Pero que la OPB llevara a cabo prácticas autoritarias no invalida los elementos analíticos y estratégicos del especifismo. Acaso cualquier ejemplo de prácticas autoritarias en el anarcosindicalismo (de las que por desgracia tenemos multitud de ejemplos) nos lleva a rechazar su vigencia y valor? Es peligroso y poco honesto usar casos particulares como sinónimo de la teoría completa; más útil es examinar qué condiciones favorecen esas desviaciones y cómo construir mecanismos que preserven la horizontalidad y la apertura sin renunciar a la disciplina ética que permite sostener proyectos colectivos. Y, sobretodo, si hay que analizar casos prácticos, sería interesante hacerlo en base a una muestra amplia de ellos, no solo los que justifiquen nuestras posiciones.

Por ello, me parece muy acertado mencionar la cuestión de la ética. Creo que coincidiremos en que sea cual sea el tipo de organización, sin el desarrollo de una ética compartida entre militantes, habrá siempre actitudes opresivas. No existe un tipo de forma de organizarse que nos "libere" automáticamente de todo lo que el sistema de dominación nos ha inculcado. Puede haber formas de organizarnos que nos permitan deshacernos de ello con mayor o menor facilidad. Hacia ahí creo que es interesante tener el debate.

Por otro lado, en cuanto a la "disciplina" que se menciona como problemática en el artículo, creemos que conviene recuperar la formulación de Malatesta de ya hace más de un siglo:

"Disciplina: hete aquí la gran palabra de la cual se sirven para paralizar la voluntad de los trabajadores conscientes. Nosotros también pedimos disciplina, porque, sin entendimiento, sin coordinación de los esfuerzos de cada uno hacia una acción común y simultánea, la victoria no es materialmente posible. Pero la disciplina no debe ser una disciplina servil, una devoción ciega a los jefes, una obediencia a aquel que siempre habla para no tener que moverse. La disciplina revolucionaria es la coherencia con las ideas aceptadas, la fidelidad a los compromisos asumidos, es sentirse obligado a compartir el trabajo y los riesgos con los compañeros de lucha no como obediencia acrítica, sino como fidelidad a compromisos, corresponsabilidad y solidaridad en la acción"

Este tipo de disciplina es ético-política: exige reciprocidad, exposición compartida al riesgo y coherencia entre medios y fines. Debemos criticar toda disciplina que se convierta en coacción; y a la vez esforzarnos por pensar normas y prácticas que sean asumidas libremente pero que permitan sostener proyectos colectivos que no dependan de la improvisación constante o de la volubilidad individual (especialmente en un contexto de sociedad liquida y capitalismo libidinal como en el que vivimos).

Finalmente, y regresando al corazón del texto, si el especifismo se define como la necesidad de organizaciones de militantes anarquistas que comparten objetivos y estrategias, y que además participan codo con codo en los movimientos sociales, la discusión debería centrarse en las formas concretas de esa relación. Desde mi punto de vista, el artículo acierta al plantear interrogantes sobre la uniformidad programática y la tentación de homogeneizar, pero falla si no propone alternativas organizativas plausibles. Si como se defiende en el artículo "siempre va primero la acción", hecho en falta propuestas que nos permitan proseguir el debate en clave constructiva.

¿Deberíamos reducirnos a asambleas de base sin ninguna coordinación? ¿A grupos de afinidad coordinados? ¿A una política puramente ad-hoc que depende de circunstancias efímeras? Ninguna de estas alternativas está exenta de costos. Por eso la tarea política que tenemos por delante no es elegir entre organización o espontaneidad, sino inventar formas flexibles y democráticas, que nos permitan acumular fuerza social, prefigurar en el ahora la sociedad que queremos, que respeten la autonomía de las luchas concretas al tiempo y que permitan sostener procesos de formación, memoria y cuidado mutuo que son indispensables para resistir en el largo plazo.

En suma, creo que hay el artículo aporta críticas valiosas, porque nos fuerzan a reflexionar y a exponer mejor nuestras posturas. Pero para que esa reflexión sea productiva debe partir de lecturas más matizadas de la historia y de definiciones precisas de los términos que utilizamos sin quedarnos en la superficie. Me parece necesario dejar de identificar de forma automática organización con autoritarismo y, en su lugar, abrir un diálogo práctico sobre cómo construir organizaciones que sean coherentes con la ética anarquista: solidarias, responsables, críticas y permeables. Esa es la apuesta: una organización que se forma, que se compromete y que aprende a renunciar al protagonismo para acompañar la potencia de las luchas compartidas. No porque tengamos la solución definitiva, sino porque pensamos que esa articulación concreta -entre lo específico y lo colectivo, entre teoría y praxis, entre formación y acción- es una de las maneras más honestas de seguir haciendo anarquismo hoy.

Hèctor. Militant d'Embat.

Notas:

1 También me parece señalar que identificar el especifismo (corriente que se desarrolla principalmente en Latinoamérica) como "planteamiento tan occidental", y precisamente hacerlo desde Europa, es cuanto menos problemático.

2 Aunque no único. Muchas otras experiencias nos llevan a las mismas conclusiones. Para una revisión histórica desde el especifismo, puede leerse el libro de reciente publicación Bandera Negra.

3 También me merece una reflexión sobre qué sentido tendría llevar a cabo reflexión teórica o la publicación misma de revistas libertarias teóricas, si su valor es nulo.

https://regeneracionlibertaria.org/2025/12/24/del-desencuentro-al-dialogo-aclaraciones-sobre-el-especifismo/
_______________________________________
AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
De, Por y Para Anarquistas
Para enviar art�culos en castellano escribir a: A-infos-ca@ainfos.ca
Para suscribirse/desuscribirse: http://ainfos.ca/mailman/listinfo/a-infos-ca
Archivo: http://www.ainfos.ca/ca
A-Infos Information Center