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(ca) Spaine, Regeneracion - La lucha educativa es lucha de clases - Propuesta en defensa de la educación pública de y para la clase trabajadora - BATZAC - JUVENTUDES LIBERTARIAS (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Sun, 4 Oct 2026 08:15:21 +0300


Introducción ---- La enseñanza es el medio más poderoso para transformar la sociedad” Teresa Mañé (1865-1939) ---- Este artículo se sitúa en el marco del fin del primer ciclo de huelgas educativas que han tenido lugar a lo largo del curso escolar 2025-2026 en Cataluña, así como en otros territorios peninsulares, que han marcado un nuevo precedente de lucha y defensa de la educación pública. Han puesto de manifiesto que cada derecho conquistado ha sido fruto del conflicto y de la organización de las trabajadoras, mientras que cada retroceso ha venido impuesto por los despachos al servicio de un modelo educativo subordinado a las necesidades del capital. A día de hoy, nos situamos en el inicio de un nuevo ciclo de huelgas para el curso 2026-2027, y creemos que el balance de lo anterior es imprescindible para seguir luchando y, así, conseguir victorias como clase.

Las movilizaciones del pasado curso no fueron un hecho aislado. Forman parte de una larga tradición de luchas que han recorrido nuestros centros educativos, desde la huelga de 1988, las protestas de los noventa por la LOGSE, las movilizaciones contra los recortes y hasta las huelgas de 2022. Recuperar esta memoria es mucho más que un ejercicio histórico, es reivindicar que nada de lo que hoy tenemos sindicalismo de clase: el asamblearismo, la acción directa, el apoyo mutuo y la solidaridad.

A su vez, esta herencia de resistencia ha ido siempre de la mano de otro legado: la pedagogía libertaria. Desde el movimiento libertario y el anarconsindicalismo, hemos entendido que no es suficiente defender una educación pública si ésta sigue reproduciendo la autoridad, la disciplina, las desigualdades y las necesidades del sistema capitalista. Con las experiencias de las escuelas racionalistas, los ateneos y las escuelas autogestionadas se puso la educación en el centro de lo que debía ser un proceso de liberación integral. Porque la educación no es neutral: o contribuye a reproducir el orden existente o se convierte en una herramienta de emancipación.

Ahora que se abre un nuevo ciclo de movilizaciones es importante que pensemos hacia dónde queremos ir, qué queremos conseguir y para qué queremos luchar. Desde aquí queremos leer el presente y pensar el futuro de la educación pública como práctica revolucionaria. Porque no queremos limitarnos a negociar las condiciones con las que el capital administra la escuela; queremos construir una educación pública arraigada a las necesidades de la clase trabajadora. Y sabemos que ese horizonte sólo será posible si recuperamos la capacidad de transformar, desde abajo, el modelo educativo y social.

Preámbulo

La instrucción es el arma de las trabajadoras”
Teresa Claramunt (1862–1931).

La educación puede mantenernos ancladas en los rincones más oscuros de nuestro pasado y presente, pero también ser un campo donde explorar, sembrar y desarrollar nuevas ideas que pongan contra las cuerdas a las antiguas. Es un instrumento que se ha demostrado históricamente primordial para la liberación, pero al mismo tiempo también ha podido convertirse en una piedra inamovible que ha justificado, promovido y consolidado la esclavitud más salvaje en todas sus formas. El fin último de este instrumento será aquél que le otorguen quien lo controla.

Ahora más que nunca, es necesario que nos quitemos las vendas de los ojos, y que reconocemos cuál es el lugar de la educación en este momento de la historia. Un lugar que nunca hemos abandonado realmente y que debe hacernos actuar de manera coherente para lograr una emancipación real como clase. Porque la escuela no es sólo un espacio educativo, es también un centro de trabajo y, como cualquier otro centro de trabajo, necesita asambleas, organización y capacidad de conflicto.

La escuela pública y su sistema de titulaciones han cumplido históricamente la función de consolidar una clase media, manteniéndose dentro de la relación entre clase trabajadora y burguesía. Ha sido un pilar del estado del bienestar, en un momento en que la acumulación de capital permitía distribuir más riqueza —en buena parte a expensas del extractivismo colonial en el sur global—, integrar a la clase trabajadora en el Estado y, así, contener su potencial revolucionario.

Es necesario leer, pues, la escuela pública tanto como pilar del estado del bienestar como conquista relativa de la clase trabajadora, fruto de las revoluciones de principios del siglo XX y de la resistencia posterior a las políticas de austeridad y recortes. Esta perspectiva permite entenderla como un terreno de lucha de clases: resulta a la vez resultado de la iniciativa política de la burguesía y de la fuerza de la clase trabajadora, y hoy es progresivamente devaluada y precarizada porque ya no interesa sostener los niveles anteriores.

Defender la escuela pública es, por tanto, lucha de clases. Pero no se trata de recuperar los niveles anteriores, sino de superarlos, visibilizar las contradicciones inherentes al sistema y acumular fuerzas en torno a un proyecto político de clase.

Cuando las trabajadoras se organizan, dejan de ser objeto de las reformas para convertirse en sujeto de transformación. Si pretendemos transformar el modelo educativo público, construyendo un proyecto de clase, es necesario abordar la educación en su totalidad, con todos los agentes que intervienen a lo largo de las etapas formativas, dentro y fuera de la educación reglada.

Por eso, debemos arremangarnos con nuestras compañeras, participar de las estructuras de autoorganización, defender la educación que queremos y pelear las condiciones justas para todas las trabajadoras. Cada escuela organizada es un espacio menos de control de la Administración y un espacio más de poder de las trabajadoras, fortaleciendo nuestra posición en la correlación de fuerzas, la tensión de todo conflicto.

Ante las seguidas campañas de deslegitimación y ataque contra las estructuras y profesionales que promueven una educación que hace tambalear las estacas que faltan el actual sistema, desde el Departamento, los despachos de sindicatos de concertación y determinados equipos directivos, se busca crear una discursiva y una masa social que promueva el desmantelamiento progresivo. Que a pesar de sus fallas y contradicciones, actualmente es necesario proteger para permitirnos resistir, mejorarlo y liberarlo.

Como trabajadoras de la educación y anarcosindicalistas creemos, pues, que es necesario disputar el modelo educativo, y que la mejor defensa de la educación pública no es la delegación, sino la organización colectiva de quien la hace posible cada día. Como militantes revolucionarias, no aspiramos a que el sistema capitalista sea más amable y justo, por tanto, defenderemos la educación pública que rompe con las lógicas capitalistas y las desigualdades que genera. Desigualdades de las que después bebe y se alimenta para seguir depredando y expandiéndose. Nuestra intención no es la de reformar el sistema educativo, sino trabajar para que en el proceso de lucha generado al intentar conseguir ciertas mejoras para nuestra clase, aumente nuestra conciencia y capacidad colectiva.

La educación es parte más de la lucha total de la clase trabajadora. Una parte importante pero no única. Una lucha que está llena de potencialidades a la hora de replantear los marcos ideológicos y éticos de la sociedad, y en la que además se imbrican una gran cantidad de realidades laborales, económicas y sociales. Disfrutando de la oportunidad de construir puentes sólidos entre las distintas contradicciones del capitalismo, podremos plantear una fuerte lucha de clases. La organización de las trabajadoras de la educación es la mejor pedagogía de la emancipación: nos enseña que los derechos no se conceden, se conquistan.

Propuesta

No se puede educar a los niños para que sean libres si nosotros mismos no lo somos”

Emma Goldman (1869-1940).

La educación, como pilar del estado y su labor de cobertura social, es un terreno de lucha de clases. Su desmantelamiento responde a las necesidades y lógicas del sistema, evidenciando el papel del Estado en la gestión del capitalismo. Por eso, luchar por unas mejores condiciones educativas y laborales es también luchar contra el capital. Por ese motivo, las trabajadoras de la enseñanza tenemos la responsabilidad de organizarla para que deje de reproducir el capitalismo, convertirla en una herramienta de emancipación colectiva y aporte en la construcción de una alternativa socialista y libertaria. Bajo esta tesis, a continuación exponemos la propuesta de lo que defendemos que debe ser la educación pública, de y para la clase trabajadora.

La educación como terreno de disputa de clase y herramienta de emancipación
La educación no es un espacio neutral ni separado de los conflictos sociales, sino uno de los principales terrenos en los que se reproducen o se cuestionan las relaciones de poder existentes. Históricamente, los espacios educativos han sido sitios de construcción de conciencia, transmisión de ideas y desarrollo de nuevas formas de organización colectiva. Por eso, en el contexto actual de crisis social, económica y ecológica, las trabajadoras de la enseñanza pública tenemos la responsabilidad política de asumir la educación como un campo de lucha de clases.

El sistema educativo actual forma parte de una sociedad capitalista que se encarga de orientar la educación hacia la reproducción del propio sistema: preparar a las nuevas generaciones para incorporarse a un mundo basado en la explotación laboral, la mercantilización de la vida y la subordinación de las necesidades humanas a los intereses económicos de una minoría. Ante esta realidad, es necesario disputar el sentido de la educación pública y convertirla en una herramienta para construir una alternativa emancipadora.

Esto implica dejar atrás una educación orientada a formar a futuras trabajadoras adaptables a las necesidades del mercado, y recuperar la educación como un proceso de desarrollo integral, individual y colectivo. Es sólo a través del conflicto y organización que la clase trabajadora tenemos la fuerza para plantear demandas y construir nuevas herramientas subordinadas a nuestros intereses, a través, por ejemplo, de cambios de currículum, libertad de cátedra y la derogación de los decretos de plantillas, direcciones y autonomía de centros. El objetivo no debe ser preparar a nuestras alumnas para reproducir una clase explotada, sino contribuir a formar personas capaces de comprender la realidad, organizarse y transformarla.

La formación no puede estar sometida a una escala de valor mercantil ni reducida a su utilidad productiva. Debe estar vinculada a las necesidades de las personas, las comunidades y el planeta, promoviendo formas de vida basadas en la cooperación, la autonomía, el apoyo mutuo y la responsabilidad colectiva.

La organización desde las bases
Transformar la educación implica también transformar sus formas de organización. No basta con introducir prácticas críticas en las aulas si el propio sistema educativo sigue funcionando bajo lógicas jerárquicas, desiguales y alejadas de las necesidades de las comunidades.

Es necesario recuperar el poder educativo desde las bases. Apostar por formas de organización asamblearias, participativas y autogestionarias que permitan decidir colectivamente qué modelo de educación pública queremos, y ponerlo al servicio de las necesidades reales de nuestra clase. Esta recuperación del poder educativo implica necesariamente recuperar la democracia en los centros, puesto que las trabajadoras vemos limitada nuestra capacidad de decisión sobre las condiciones en las que desarrollamos nuestro trabajo. Es necesario revertir la concentración de poder en las direcciones y en la Administración, recuperar espacios reales de participación y decisión colectiva, garantizando que las cuestiones que afectan a la vida de los centros sean decididas por las comunidades que los sostienen.

En este sentido, es primordial la derogación del Decreto de plantillas y del modelo de direcciones que le acompaña, ya que refuerzan estructuras jerárquicas. Por eso defendemos las asambleas de trabajadoras que se han ido construyendo en cada centro y zona, y están coordinadas en la AEC (Asamblea Educativa de Catalunya), que demuestran nuestra capacidad de autoorganización, y deben ser el corazón y el motor de una lucha de resistencia y victoria.

La unidad de todas las trabajadoras de la educación es imprescindible para defender la educación pública desde esa perspectiva. Así, sólo asumiendo las demandas de todos los sectores (ocio, PAS, PAE, docentes y etapa 0-3) podremos generar las condiciones de posibilidad de la unión efectiva de éstos en la lucha. Además, para adoptar un cariz aún más social, las familias y alumnos podrían participar en las asambleas de centro y zona, y tener un papel concreto en esta autoorganización de la comunidad educativa en lucha.

En este proceso, el anarcosindicalismo debe desempeñar un papel central como herramienta de organización, articulación y lucha de la clase trabajadora y, por eso hay que potenciarlo como espacio desde donde fortalecer la autoorganización, la solidaridad y la capacidad de confrontación con las estructuras de poder. la clase: el anarcosindicalismo debe estar al servicio de las luchas que nacen desde las bases, contribuir a conectarlas con otros sectores y conflictos sociales y radicalizarlas. Para evitar que se desvíe hacia posiciones reaccionarias, corporativistas o sectorialistas, es necesario entender la lucha educativa desde una perspectiva de clase, antiautoritaria, que cuestione también las desigualdades y los privilegios que se reproducen dentro de la misma clase trabajadora. En este sentido, no se trata de que el anarcosindicalismo lidere el proceso en un sentido dirigista, sino que intervenga políticamente asumiendo la responsabilidad de impulsarlo allí donde tenga capacidad, poniendo sus recursos y estructuras al servicio de las trabajadoras organizadas y de la comunidad educativa.

Un proyecto revolucionario no puede dejar atrás las realidades más vulnerabilizadas ni asumir que la unidad de clase aparecerá automáticamente sin transformar las relaciones de poder existentes dentro de la misma clase trabajadora. Es necesario que los sectores más acomodados asuman la responsabilidad de cuestionar estos privilegios y generar las condiciones para que todas las luchas puedan encontrarse en igualdad.

Esta mirada debe atravesar también la educación. No podemos limitarnos a hablar de inclusión sin abordar las causas materiales de la desigualdad: la segregación educativa, la pobreza estructural, el racismo institucional, las desigualdades territoriales o las dificultades de participación de muchas familias en la vida de los centros. Una educación emancipadora debe combatir las desigualdades que afectan a nuestras comunidades y construir espacios realmente equitativos.

Una educación radical es aquella que va a la raíz de los problemas y que no se limita a criticar superficialmente al sistema, sino que desarrolla capacidad colectiva para superarlo. Esta transformación no puede quedar restringida a proyectos aislados, sino que debe estar conectada con los conflictos sociales del presente y las luchas de la clase trabajadora.

La transformación nace del conflicto
La transformación social no surge de la concesión del poder, sino de la capacidad de la clase trabajadora de organizarse, confrontar y construir fuerza propia. En este sentido, la huelga ha sido y sigue siendo una de las herramientas fundamentales de nuestra clase. Nos recuerda que el funcionamiento del sistema depende de nuestro trabajo y que cuando nos organizamos tenemos la capacidad de cuestionar las decisiones impuestas y disputar el rumbo de las instituciones que sostenemos. Este nuevo ciclo de huelgas educativas que iniciamos debe convertirse en la expresión colectiva de nuestra capacidad de intervenir sobre la realidad.

Cada huelga es una escuela de solidaridad, y cada asamblea, una escuela de autogestión. Desde la organización de las trabajadoras en cada centro, generamos un caldo de cultivo con potencialidades transformadoras, desde abajo. Las asambleas de centro son espacios imprescindibles para compartir problemáticas, tomar decisiones colectivas y convertir malestares individuales en una fuerza común. Asimismo, las asambleas de zona y los espacios de coordinación entre éstos permiten superar el aislamiento, poner en común experiencias y construir una respuesta contundente y compartida ante unas problemáticas que atraviesan todo el sistema educativo.

El curso pasado, pudimos ver cómo el sindicalismo combativo tuvo un papel esencial como herramienta al servicio de la autoorganización de las trabajadoras. Éste es el sindicalismo por el que apostamos y que es necesario que siga avanzando este curso. Un sindicalismo que no sustituye a las asambleas ni habla en nombre de las trabajadoras, sino que acompaña, apoya y aporta recursos para fortalecer las luchas que nacen desde los centros. Su función debe ser contribuir a blindar los procesos de organización colectiva, dar cobertura ante las presiones y represalias, facilitar la coordinación y ayudar a transformar las reivindicaciones inmediatas en una mayor conciencia de clase.

En este sentido, es imprescindible dotarnos de herramientas materiales que permitan sostener los procesos de lucha. Las cajas de resistencia son concreciones prácticas del apoyo mutuo y de la solidaridad de clase y, en el marco de estas huelgas educativas, ha nacido la CREC (Caja de Resistencia Educativa de Cataluña), que responde a la necesidad de reducir el impacto económico de la huelga sobre las trabajadoras y, al mismo tiempo, reforzar nuestra capacidad colectiva de mantener el conflicto.

La capacidad de lucha no sólo depende de la voluntad individual de las trabajadoras, sino también de las estructuras colectivas que seamos capaces de construir para sostenerla: asambleas, espacios de coordinación, cajas de resistencia, sindicalismo combativo… Forman parte de una misma infraestructura de lucha que nos permite pasar las reivindicaciones e indignaciones individuales en una fuerza colectiva organizada.

Sin organización no hay fuerza. Sin asamblea no existe democracia obrera. Sin acción directa no existen conquistas duraderas.

La defensa de la vida frente a la crisis capitalista
Cualquier proyecto educativo pensado desde y para la clase trabajadora debe tener en cuenta una cuestión fundamental: no hay futuro posible sin un planeta habitable. La crisis ecológica es una consecuencia directa de un modelo capitalista basado en el crecimiento infinito, la extracción de recursos y la explotación de territorios y comunidades.

La educación debe contribuir a construir una nueva relación con la naturaleza, basada en el cuidado, la cooperación y el respeto por los límites ecológicos del planeta. No sólo se trata de reducir los impactos del sistema actual, sino de cuestionar sus bases e imaginar nuevas formas de producción, consumo y organización social orientadas a garantizar la reproducción digna de la vida.

Por eso, la lucha educativa debe formar parte de un proyecto político más amplio: la construcción de una sociedad socialista y libertaria basada en la autogestión de la clase trabajadora. Un proyecto que busque acabar con la explotación económica, con todas las formas de opresión y con las estructuras que impiden a las personas decidir sobre sus propias vidas.

Esta alternativa debe construirse a partir de los conflictos del presente y de los espacios de organización existentes, y la escuela debe ser reflejo. La alternativa debe desarrollar:

Una economía en la que las tareas de sostenimiento sean organizadas colectivamente.
Una sociedad libre de cualquier forma de dominación en razón de género, identidad, sexualidad, origen, cultura, capacidades, etc.
Formas de participación directa donde las trabajadoras y las comunidades recuperen el poder de decisión sobre lo que les afecta.
Modelos de organización política descentralizados, federales y basados ​​en la cooperación, delegación revocable y autogestión.
Una relación con la naturaleza que garantice la continuidad de la vida y el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
La educación es un terreno de lucha porque es también un terreno de posibilidad. Si el capitalismo necesita la educación para reproducirse, nosotros tenemos la responsabilidad de organizarla para que sirva para construir lo que todavía no existe, pero llevamos dentro de nuestros corazones: una sociedad libre, igualitaria y socialista.

Conclusión

Es necesario dar la debida importancia a la educación ya la instrucción, grandes fuerzas que podrán formar aquellas reservas tan importantes, tan necesarias y siempre decisivas en el último combate”

Anselmo Lorenzo (1841-1914).

La educación es uno de los principales campos de batalla de la lucha de clases. No hay escuela neutral bajo el capitalismo: sus instituciones están pensadas para reproducir las relaciones de dominación, disciplinar los cuerpos, modelar conciencias y proveer al mercado de trabajo de mano de obra dócil y adaptable. Pero, al mismo tiempo, las escuelas son también espacios de resistencia, organización y construcción de alternativas.

Ante la precarización de las condiciones laborales y la creciente mercantilización de la enseñanza y de la gestión de los centros públicos, la respuesta sólo puede nacer de la fuerza colectiva de las trabajadoras. Ni el Departamento ni los sindicatos de concertación están al servicio de nuestra clase, representan nuestros intereses y se encargan de desactivar el conflicto. Tenemos muy claro que quien impulsará las transformaciones que necesitamos, somos las trabajadoras de la mano del sindicalismo revolucionario, desde la base.

Tenemos la fuerza, herramientas y creatividad. Es necesario seguir trabajando para convertir cada centro educativo en un escenario de conflicto, y para dar forma a la organización de las trabajadoras de la educación para que ésta sea horizontal y combativa. No queremos los muelles, las trabajadoras de la educación queremos el pan entero y este septiembre el curso no empieza con normalidad.

Valoramos este ciclo de huelgas como un proceso de acumulación de fuerzas, aprendizajes y experiencias de lucha, y agudización del conflicto. Proceso en el que se han plantado las semillas de lo que podría convertirse en un proyecto realmente emancipador, comprendiendo la importancia del sindicalismo de clase, descorporativizado y desde la autoorganización de base. Es necesario empezar, pues, a trabajar en cómo estas experiencias de lucha y aprendizajes nos acercan a constituir en la clase como sujeto político capaz de luchar bajo una propuesta socialista y libertaria.

Batzac-Juventudes Libertarias y Embate-Organización Libertaria de Cataluña.

https://regeneracionlibertaria.org/2026/09/08/la-lluita-educativa-es-lluita-de-classes/
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