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(ca) Spaine, Regeneracion - En defensa de la subjetividad o no todo es teoría revolucionaria Por Colaboraciones (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Wed, 17 Jun 2026 08:14:05 +0300
Pude escuchar la presentación del libro de Agustín Guillamón en el que
presenta su último libro, publicado por la editorial Calumnia, Contra el
Estado. Tesis sobre guerra, revolución y proletariado. No entraré en el
fondo de sus planteamientos, quién haya leído o escuchado a Guillamón en
sus conferencias los últimos años ya conocerá su planteamiento (y, si
no, puede leer el libro o escuchar su presentación). ---- Donde sí me
quiero detener es en una cuestión que solemos pasar demasiado deprisa
por alto. Al inicio de la exposición, Guillamón señala una cuestión que
la mayoría de historiadores que pretenden acercarse a la revolución
social de 1936 comentan, pero que los debates políticos sobre la guerra
y la revolución -fuera esta traicionada o no, tampoco vamos a entrar
ahora en esta cuestión- de las generaciones que no pudimos vivir ese
momento acostumbramos a ignorar.
Hace cinco años en Granollers organizamos diversos compañeros y
compañeras un homenaje a la Columna del Vallès Oriental, columna de
milicianos que partió de Granollers al frente el verano de 1936. En ese
acto, se presentó una exposición sobre el movimiento obrero y
revolucionario de la ciudad de Granollers desde finales del siglo XIX
hasta antes del 19 de julio de 1936. Los compañeros que diseñaron la
exposición hicieron esto aposta: detener la memoria antes de un momento
por todos comentado extensamente. Porque no se puede explicar el 19 de
julio de 1936 sin hablar, como dice Guillamón al inicio de su
conferencia, de los 70 años previos. Y es que nos paramos poco a hablar
de la cuestión.
Habrá otros espacios para debatir sobre la cuestión del poder y el
anarquismo, pero es fácil dejarnos llevar por un debate abstracto o una
teorización de la historia que nos lleve a hacer un balance. Es
necesario -cierto-, pero a menudo me da la sensación que es más
atractivo ese ejercicio que la reflexión en torno al cómo se llegó hasta
al 19 de julio 1936.
En la imagen: Unió Liberal de Granollers, un Ateneo de la primera mitad
del siglo XX de Granollers donde los anarquistas participaron junto a
otras tendencias
Decir que los 70 años de cultura libertaria educaron al proletariado es
resumir, quizás, demasiado y nos hace dar por supuestas demasiadas
cuestiones que, a mi modo de ver, son fundamentales. Porque de lo que
estamos hablando es que una parte lo suficientemente significativa del
proletariado pudo poner en marcha la transformación social más profunda
que se ha conocido hasta el momento, y no podemos asumir que esto sea
consecuencia ni de un programa ni de una forma de organización
concretos, o no solamente, al menos.
Sí podemos discutir que, a pesar de las decisiones políticas que
adoptaron los cuadros directores de la CNT y la FAI después el 19 de
julio de 1936 llevaron al mayo de 1937, tuvieron lugar las
colectivizaciones y otras experiencias autogestionarias, que si a día de
hoy siguen siendo ejemplo es porque aquí se conformó un proletariado que
quiso dejar de serlo y que, más allá de dirigentes o programas, la
cultura y la subjetividad de este proletariado los llevó a constituirse
en clase autónoma.
Lo cierto es que las personas que llevaron a cabo esa revolución eran
personas distintas a las de ahora, o al menos su subjetividad sí lo era.
Para que el proletariado se constituya en clase, significa que su
subjetividad es proletaria, los individuos que conforman esa masa social
tienen una subjetividad no alienada, son conscientes de su situación de
explotación, de las relaciones de clase y del programa revolucionario.
Son el partido revolucionario, en tanto que son la parte de la clase que
toma partido por la revolución en términos marxianos.
La cuestión es: ¿cómo se llega a esto? Porque es fácil en nuestro
contexto, con una casi nula lucha de clases, terminar por poner el foco
de nuestro análisis en el balance histórico, el poder, o lo que
queramos; fruto de las revoluciones pasadas. En otras palabras, corremos
el riesgo de centrar nuestro análisis en una parte del final del proceso
histórico, sus aciertos y errores políticos, pero eludimos la cuestión
que nos interpela hoy para nuestra acción cotidiana: ¿cómo cambiar a la
subjetividad proletaria? ¿Cómo llegamos a que una parte significativa de
las clases desposeídas sean conscientes de su situación de explotación,
de ser proletariado porque no tiene nada que perder y que, como no tiene
nada que perder, solo tiene que ganar a través de su lucha?
Aquí entramos en un campo complejo, en el que ha habido y sigue habiendo
interesantes debates. Pero yo me inclino por el análisis materialista
que define la subjetividad, la conciencia, como fruto de las relaciones
sociales y de la práctica cotidiana. Aquello de que «los hechos preceden
a las ideas», en definitiva. En este sentido, lo que apuntaba al inicio
del texto cobra una gran relevancia. La cultura libertaria y proletaria,
que Chris Ealham describe en su imprescindible obra La lucha por
Barcelona: clase, cultura y conflicto, 1898-1937, construyó una vida al
margen del Estado y el Capitalismo que permitieron una subjetividad
proletaria que unida a la propaganda de la militancia revolucionaria dio
lugar a un movimiento obrero revolucionario.
En el pasado, los barrios obreros estaban físicamente separados de la
burguesía, la clase trabajadora vivía al margen de la sociedad burguesa
de forma palpable y no existía la sociedad de consumo. La gente
socializaba en términos de clase: su vida estaba en los barrios
populares, lo cual hacía que tuvieran tradiciones y cultura popular
independiente de las clases dominantes, se situaban en una situación de
explotación formal, evidente. Las diferencias entre clases sociales no
eran sólo a través del trabajo asalariado, sino que existía una
separación también en términos de culturales, a la vez que el Estado y
el Capital no estaba tan presente en la mediación de todas las
relaciones sociales. Esto dio lugar a que el movimiento obrero con el
paso del tiempo creara sus propias instituciones, tales como escuelas,
cooperativas, cajas de resistencia, mutualidades, ateneos, etc.
Permitían que la socialización de las clases trabajadoras fuera
clasista, pues apenas había otros recursos a disposición de la población
asalariada.
Hoy somos todos y todas conscientes que esto ha cambiado drásticamente y
desde hace también muchas décadas, primero con la integración del
movimiento obrero al Estado y el Capitalismo, a través de la paz social
de posguerra, y luego con la ofensiva neoliberal contra los restos del
movimiento obrero. Literatura hay de sobras sobre estas cuestiones. Y
aunque asistimos a una proletarización de la clase media, cada vez más
acelerada, por la caída de los salarios y el aumento de la carestía de
la vida (en especial la vivienda), la subjetividad de la población
asalariada actual no cambia, no se transforma a la misma velocidad.
Personalmente no creo que esto se pueda provocar a voluntad, es un
proceso muy complejo, precisamente por ese análisis materialista de la
realidad. Los hechos van antes que las ideas, por lo tanto, las
condiciones en las que se desarrolle la experiencia humana a lo largo
del tiempo van a ser las que determinen es «cambio de chip» de cada vez
más personas.
¿Cuál puede ser este entorno que nos condicione el cambio de chip? En mi
opinión estas condiciones van a venir dadas por el desarrollo de la
lucha de clases, en las que el salario puede ser un factor mucho más
relevante del que se pueda creer a priori, de una parte, y la otra en la
que la participación masiva de las mujeres en esta lucha de clases puede
modificar también la conciencia colectiva y las relaciones sociales.
En un contexto donde la socialización de la mayoría de la población no
se da en términos de clase, salvo entre las clases dominantes, el
trabajo asalariado sigue siendo no solo la mercancía sobre la que se
erige el Capitalismo, sino que distingue objetivamente a la población en
grandes términos entre población asalariada (lo sea efectivamente, en
potencia o aspirante) y la que no. En un contexto de proletarización de
cada vez más capas de la sociedad y en un contexto de desmoronamiento
progresivo del Estado del bienestar, sostén de la clase media, es
fundamental que la lucha por el salario y las condiciones de vida sean
parte del debate de la militancia que aspira a la transformación radical
de las relaciones sociales, pues es un prerrequisito para luchas futuras.
En otras palabras, si la gente no es capaz de luchar por sus condiciones
de vida más inmediatas, no podemos pretender que desarrollen una
conciencia que vaya más allá. Y el problema es que actualmente la clase
trabajadora no está aún en este momento del desarrollo de la lucha de
clases.
Me he referido antes a la participación masiva de las mujeres, es decir,
de la otra mitad de la población, a esta lucha de clases. Esto considero
que será fundamental para alcanzar una conciencia colectiva que implique
también, como dijo Gerda Lerner, la capacidad de desarrollar un
pensamiento abstracto donde la diferencia no signifique dominación. Si
analizamos los distintos momentos de la historia de la lucha de clases
descubriremos que, siempre, las mujeres han sido parte y sostén de las
distintas luchas y revoluciones. La participación de las mujeres en la
lucha de clases de nuestro tiempo nos llevará a una comprensión de toda
la dimensión de las relaciones sociales y de la obsolescencia de un
mundo basado en el trabajo asalariado, la mercancía y el Estado. Estoy
convencido que hoy será un elemento fundamental en la construcción de
esta subjetividad proletaria imprescindible para cambiar nuestro mundo
en un sentido revolucionario.
Soy de la opinión que, en el debate sobre nuestra acción militante,
sobre estrategia o sobre teoría revolucionaria, se omiten estas
cuestiones. Las condiciones objetivas para la revolución es el estado de
la lucha de clases, no un determinado programa a priori. La estrategia
es algo a debatir desde el punto del que se parte y a dónde se quiere
llegar, es aquí donde mantengo que la estrategia es impulsar y reforzar
la lucha sindicalista revolucionaria hoy y articular de nuevo aquellos
espacios que nos permitan nuevamente socializar en términos de clase,
pero no de forma aislada si no como parte de un movimiento real que
supere y anule el estado de cosas presente...
Genís Ferrero, militante de CNT Granollers
https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/18/en-defensa-de-la-subjetividad-o-no-todo-es-teoria-revolucionaria
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