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(ca) Spaine, Regeneration - La revolución española, sus errores y posibles correcciones Por LIZA (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Tue, 12 May 2026 07:13:13 +0300
Néstor Makhno, exiliado en París, estaba en contacto con anarquistas
españoles y «esperaba que aprendieran de la experiencia
makhnovista[...]"Makhno nunca ha rehuido una lucha; si sigo con vida
cuando comencéis la vuestra, estaré con vosotros"»1. Dos textos sobre
España aparecen en La lucha contra el Estado y otros ensayos. ----
Primera parte ---- Nuestro amigo Néstor Makhno, cuyas actividades
insurgentes en Ucrania, demasiado bien conocidas en estos ámbitos como
para necesitar ser repetidas, garabateó hace algunos meses unas notas
relativas a la revolución española desde su empobrecido exilio en
Francia y nos las remitió para que los anarquistas españoles las tengan
en cuenta. Habrá un texto de continuación en la próxima edición.
En los últimos meses, el carácter y la forma de la revolución española
han sido determinados en parte por las presiones de las masas
revolucionarias del proletariado y en parte por los deseos de la
burguesía liberal en cuanto tal, que se decidió de una vez por todas a
romper con la monarquía constitucional y asegurar (respaldar) una
República, que se ajustaba mejor a sus intereses.
Téngase en cuenta que la revolución española comenzó con un compromiso
novedoso (oculto a las masas, por supuesto) alcanzado entre el rey y la
burguesía liberal. Todos sabemos que dicha burguesía, tras derrotar a
los monárquicos en las elecciones municipales, percibió que tenía el
dominio político sobre las fuerzas políticas del país, ejerció unas
presiones que, desde su punto de vista, estaban ya preparadas sobre las
tropas y el rey Alfonso XIII se asustó. Es también de dominio público
que los monárquicos, tras algún tipo de negociaciones con la burguesía
liberal, se aseguraron de que al rey verdugo Alfonso XIII se le
permitiera abandonar el país sin trabas y sin afrontar castigo alguno.
Además, se marchó con todo su séquito, llevándose consigo los medios
para una vida de lujo. El rey se reservó el derecho a regresar al trono
y a nombrar a un sucesor que ocupase su lugar. Todo ello nos muestra que
la burguesía liberal, al rescatar al rey de la justicia del pueblo y
trasladarlo al territorio de otro Estado, era consciente de que el rey
podía resultarle útil para asustar al pueblo, justo cuando este se
disponía a arrancar más libertad de la que la burguesía estaba dispuesta
a concederle.
La burguesía hizo bien sus cálculos. Es evidente que las figuras
dirigentes del liberalismo español tomaron cuidadosa nota de los errores
cometidos por sus homólogos en la revolución rusa en relación con la
gente trabajadora, que está despertando, y los liberales se comportan
como fieles guardianes del principio de la esclavitud forjado en España
a lo largo de los siglos. Esa esclavitud servía a los fines del rey, de
su séquito y de sus admiradores, pero el pueblo apenas figuraba en la
historia, el gran pueblo a costa del cual vivían el rey y sus
cortesanos. Y, de manera vergonzosa, los liberales de hoy vuelven a
recurrir a ese pueblo, ahora que han cerrado su trato con los
monárquicos respecto a la salida sin obstáculos del rey criminal. Surge
una pregunta, por necesidad: ¿dónde estaban los verdaderos amigos del
pueblo en aquel momento, esos revolucionarios de toda índole? ¿Dónde
estaban, esas personas que tan a menudo habían orquestado atentados
contra la vida del rey criminal? ¿Se habían enfriado las ideas que
impulsaron a los mejores hijos de España a actos de heroísmo? Pues no
puede sostenerse que no existieran tales elementos en España en ese
momento. Tampoco puede afirmarse que llegaran a algún acuerdo con los
liberales para dejar marchar al rey. La única explicación aceptable es
que los revolucionarios españoles, tras asegurar la libertad de
expresión y el derecho de organización, estaban ocupados en reagrupar
todas sus fuerzas y en elaborar planes de acción práctica, de modo que
el pueblo trabajador pudiera comprenderlos mejor y estar en condiciones
de ayudarles en la lucha por la liberación. Y si este último punto es
correcto, ¿qué resultados han producido sus reuniones? Pues no hay
rastro alguno de ellos en el campo revolucionario: los socialistas están
al servicio de los liberales, y en cuanto a los sindicalistas y
anarquistas, parece que aún no ha llegado el momento de aplicar e
incrustar sus ideales en la vida del pueblo: con toda probabilidad,
están esperando a que lleguen tiempos mejores. Los bolcheviques
(comunistas de Estado) se limitan, como siempre, a manifestaciones
callejeras, sin asumir responsabilidad alguna a los ojos de la gente
trabajadora. Mientras tanto, los dirigentes liberales se sienten
valientes y dictan audazmente a su partido y al Gobierno los medios por
los cuales deben avanzar hacia el «poder fuerte» y el «orden
restablecido». Eso es lo que los liberales quieren de la revolución
española. Con tales apetitos en funcionamiento y sin más dilación, van
introduciendo en la vida del país todo aquello que no entra en conflicto
con sus intereses de clase.
Así es como la burguesía liberal ha alcanzado las cumbres del Poder y se
apresura a colocar al país nuevas cadenas. Además, hacen todo esto con
la certeza de que los socialistas les apoyarán en esta batalla y de que
aplastarán a los extremistas en cuanto intenten levantar al pueblo
contra ellos.
Todo ello hace comprensible que ni la burguesía liberal ni el gobierno
teman las manifestaciones callejeras de los bolcheviques, ni las huelgas
generales de los trabajadores que se convocan con tanta frecuencia en
toda España bajo la supervisión de los sindicalistas revolucionarios y
anarquistas y que, pese a hacerse sentir tan dolorosamente, casi siempre
terminan en un fracaso sangriento. La burguesía liberal puede estar
tranquila, pues sus dirigentes velan por su bienestar: gracias a la
agilidad política y a las tácticas astutas de sus líderes, la burguesía
puede calibrar con precisión su fuerza, medirla frente a la de sus
enemigos y orientarse en relación con sus adversarios más peligrosos de
izquierda y, gracias a ello, la burguesía sabe cuándo y en qué medida
deben emplearse sus fuerzas armadas contra sus enemigos. Mientras tanto,
los dirigentes de la izquierda no advierten, o se niegan a advertir, lo
que la burguesía está instaurando en el país. En cualquier caso, el
comportamiento de los dirigentes nos dice con certeza que en todo el
frente de izquierdas hay algo de confusión que parece derivarse del
hecho de que los dirigentes ocupan cargos de clase trabajadora para los
que no están capacitados ni por su carácter ni por su determinación, o
bien de su creencia de que las masas son incapaces de llevar a la
práctica sus ideas sin la tutela del Estado. Desde la distancia, resulta
difícil ponerle una etiqueta a esto. Pero una cosa es clara y, a mi
entender, no está en discusión, y es que en las filas de la izquierda
existe una confusión profundamente arraigada. De otro modo no habría
aparecido el Manifiesto de «Los Treinta»2, que es muy perjudicial para
la revolución española y para el movimiento anarquista. Ese manifiesto,
aun procediendo de militantes veteranos, de alto rango y
bienintencionados, puede resultar mortal para el proyecto
revolucionario. Sus consecuencias pueden ser aún mayores si tenemos en
cuenta que la revolución española padece muchas carencias, dado que,
incluso hoy, no tiene un rumbo definido de acción práctica, ni dispone
de recursos suficientes para la acción social, en cuya ausencia las
revoluciones quedan siempre impotentes. La revolución española será
impotente a menos que se muestre capaz de seguir avanzando por su
camino, sin que la burguesía ni los bolcheviques en connivencia con ella
estén a punto de detenerla en seco.
Segunda parte
Me atrevería a sostener una vez más que, gracias a la ausencia de líneas
definidas de acción directa, así como a la ausencia de recursos
adecuados para la acción social, ahora se ha publicado un manifiesto por
treinta camaradas; algo similar podría suceder mañana y, a causa de
ello, el frente revolucionario se está estrechando y la revolución
sufriendo más. A la luz de esto, no puede descartarse la posibilidad de
que la burguesía termine apoderándose de la revolución y de que la
reacción abierta se agrave. Pero entonces ya será demasiado tarde para
trabajar en la conformación de un frente auténticamente revolucionario y
encauzar la revolución hacia una expansión victoriosa. Mientras las
masas trabajadoras en España no estén cansadas y aún alberguen
esperanzas de lograr algo en términos de conquista de la libertad y el
bienestar, y mientras la burguesía liberal quiera ser una burguesía de
izquierdas un día proclamando una República burguesa y al día siguiente
una República obrera , se puede hacer mucho para reforzar la revolución
y ponerla en el camino de un desarrollo fructífero. Pero tales cosas
tienen un coste. Exigen el máximo esfuerzo, no tanto de individuos o
grupos aislados como de los trabajadores en su conjunto, en estrecha
concertación ideológica y táctica, libres de complacencia, trabajadores
que sepan lo que quieren y que inviertan toda su iniciativa intelectual
en hacerlo realidad. La verdad es que nuestra comunidad anarquista aún
no está acostumbrada a las acciones colectivas. Históricamente, su
práctica ha sido aleatoria y, casi nunca y en ninguna revolución, ha
producido el impacto al que los anarquistas aspiraban, ni ha logrado
ganarse a las masas. Pero el mensaje imperativo de la época es que
debemos olvidar ese enfoque y organizar nuestras fuerzas, organizando a
las masas trabajadoras y armándolas con los recursos para la acción
social que les permitan defenderse de la sociedad burguesa capitalista.
Además: que puedan salir victoriosas de sus luchas contra ella.
El hecho es que, hasta la fecha, tales nociones han estado fuera de
lugar en el pensamiento anarquista, pero su ausencia fue notable en la
revolución rusa y causó un daño enorme a los anarquistas. Y también se
percibe una ausencia dañina en la revolución española.
Cuando se observa la revolución española y se ve que, dentro del campo
de la izquierda, la fuerza predominante pertenece a los anarquistas, no
se puede evitar la emoción. No se pueden contemplar despreocupadamente
los errores cuya causa más probable es la confusión que se ha apoderado
de las personas más destacadas: en lugar de capitalizar los desarrollos
históricos que solo se presentan muy de vez en cuando, el movimiento
asistió a la aparición de grietas en sus propias filas. Y todo esto
ocurrió en un momento en que el calendario revolucionario exigía el
máximo esfuerzo del movimiento y la iniciativa de sus grupos para ayudar
al país a organizar sus recursos laborales con el fin de crear sus
órganos de producción. También existía la necesidad de empezar a
establecer comités para la defensa de la revolución, mediante los cuales
el país pudiera verse rápidamente liberado, en el plano político, de la
opresión de la burocracia; en el económico, del explotador patronal; y
en el mental, de toda esclavitud pasada. Entonces podría dedicar sus
esfuerzos a la construcción del nuevo orden de la sociedad libre y de
una vida completamente nueva. Todo ello se lograría sin ninguna tutela
del Estado, de la Iglesia o del capital financiero.
No es que piense que todo esté perdido todavía: el pueblo español aún
alberga la esperanza de no sucumbir ante la burguesía y considera que es
perfectamente capaz de fijar el rumbo de la revolución mediante el cual
podrá realizar sus ambiciones seculares: ser libre e independiente de la
burguesía y de cualquier orden que esta imponga. En consecuencia, los
anarquistas revolucionarios deben hacer su propia evaluación
independiente de las fuerzas de vanguardia de la revolución y no dejarse
distraer por «frentes unidos» y otras abstracciones sobre el futuro,
sino vivir en el aquí y ahora y trabajar con la vista puesta en el
presente. Debe existir un programa esbozado de acción práctica, breve
pero claro para todos sus partidarios, que puedan estar dispersos por el
país, y que sea fácilmente comprensible para las amplias masas de
trabajadores.
En ese programa, los anarquistas deben afirmar que todos los medios de
producción pertenecen a la naciente sociedad basada en el trabajo y
deben estar bajo la gestión de los sindicatos obreros. Debe declararse
que toda la tierra pertenece a la nueva sociedad y debe estar bajo la
gestión de las sociedades campesinas, las comunas y sus uniones. Que las
finanzas, la educación y otros ámbitos de la vida social deben
pertenecer a asociaciones de trabajadores libres de sanciones por parte
de las autoridades del Estado.
Al hacer propaganda sobre estas cuestiones, los anarquistas deben actuar
teniendo en cuenta el nuevo sistema republicano de explotación. La
burguesía debe ser despojada por la fuerza de la tierra, las fábricas,
las minas y los medios de transporte. Una vez que la burguesía oponga
resistencia a estas conquistas, debe colocársela en una situación en la
que no tenga tiempo para defender los bienes acumulados mediante el
trabajo ajeno, pero sí el suficiente para salvar sus vidas.
La lucha organizada e intransigente atraerá a la mayoría de los
trabajadores revolucionarios a la órbita de los anarquistas. En tal
caso, no quedará nadie para mantenerse al margen, ni firmantes del
«Manifiesto de los Treinta», y mucho menos sus seguidores. Todas las
fuerzas vitales de la revolución, atraídas por la ideología anarquista y
guiadas por sus organizaciones y su estrategia, se pondrán a atacar las
fortalezas de la burguesía, el Gobierno y sus mercenarios. El pueblo
trabajador vencerá y su sueño secular de Libertad y Equidad basadas en
el trabajo libre será un hecho consumado.
Nestor Makhno
De Tierra y Libertad (Barcelona) Viernes, 27 de Abril de 1934 y Viernes
4 de Mayo 1934.
La muerte de Makhno y los camaradas españoles
¿De dónde procede el artículo de Makhno reproducido más arriba y a
través de quién llegó?
Atendiendo únicamente a Tierra y Libertad:
El 30 de junio de 1934 apareció un llamamiento a la «Solidaridad con
Néstor Makhno, gravemente enfermo», en el que se afirmaba que llevaba
cinco meses en ese estado. «Su restablecimiento será largo». Las
donaciones debían dirigirse a Madame A. Faucier, en París.
El 9 de agosto de 1934 se publicó un artículo en portada sobre Makhno,
en el que se registraba su fallecimiento el 27 de julio. Un texto más
breve señalaba que, tras su muerte, la agencia United Press en París
había difundido un despacho telegráfico, publicado por un periódico de
Barcelona el 29 de julio, que Tierra y Libertad consideró difamatorio y
calumnioso contra Makhno.
El 16 de agosto de 1934 Tierra y Libertad incluyó en la página 4 un
artículo de Ángel Calvo titulado «Ha muerto el camarada Makhno». Decía:
«A las seis de la mañana del día 25 de julio ha fallecido el valeroso
revolucionario ruso y principal fuerza motriz de la revolución
ucraniana, Néstor Makhno. ÁNGEL CALVO».
Calvo cuenta con una entrada en el Dictionnaire international des
militants anarchistes:
"Angel CALVO
Nacido el 16 de octubre de 1899 en Remolins (Tortosa) alicatador
FAI-CNT-Drancy (Seine-Saint Denis)
Tras huir a Francia, Ángel Calvo, alicatador que trabajaba en Drancy,
ejerció como secretario del grupo Voluntad en 1934; este estaba activo
en la zona de París y afiliado a la Federación Anarquista Ibérica (FAI).
Participó muy activamente en 1935 en la campaña por el derecho de asilo
junto con otros miembros del grupo de Drancy, entre ellos Heriberto
Ramos, alias Juan Robles y Robles, Fabriciano Carrasco, Manuel Estrada y
Pelayo López. La FAI contaba entonces con numerosos grupos en
Francia[...]Calvo vivía por aquel entonces en el nº 17 de la Rue Jules
Verne, en Drancy, con Fabriciano Carrasco, y su nombre figuraba en una
lista de direcciones anarquistas a comprobar en la zona de París".
Traducción hecha por Liza.
https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/31/la-revolucion-espanola-sus-errores-y-posibles-correcciones/
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