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(ca) Spaine, Regeneracion: La vigencia del Congreso Anarquista de Ámsterdam - El debate sobre la cuestión organizativa Por LIZA (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Fri, 3 Apr 2026 08:59:13 +0300
Nos sumergimos en uno de los hechos históricos más importantes de
nuestro movimiento a nivel internacional. El Congreso Anarquista
Internacional celebrado en Ámsterdam en agosto de 1907 constituye uno de
los momentos más significativos en la historia del anarquismo
organizado, no tanto por las resoluciones formales que adoptó como por
la profundidad de los debates que allí se desarrollaron. El movimiento
anarquista, tras la experiencia fallida de la AIT (Asociación
Internacional de Trabajadores), buscaba una actualización organizativa y
estratégica. Nuestra tradición política se encontraba con los límites de
sus prácticas tradicionales y, como consecuencia, necesidad de dotarse
de estrategias más coherentes frente a un movimiento obrero en rápido
proceso de transformación.
El contexto en el que se celebró el congreso era el de una recomposición
del movimiento obrero internacional. En Francia, la CGT (Confédération
générale du travail) se había convertido en un referente del
Sindicalismo Revolucionario. Esta central sindical empleaba la acción
directa, la autonomía obrera y la huelga general como herramientas
centrales que dieran paso a la Huelga General Insurreccional. En Estados
Unidos, la fundación de la IWW (Industrials Workers of the World)
comenzó un proceso similar para articular una organización de masas, y
sindical, con horizonte revolucionario. Por el otro lado, el anarquismo
arrastraba una herencia contradictoria: un discurso simbólicamente
radical frente a una práctica fragmentaria, marcada en ocasiones por el
individualismo, el localismo, la falta de continuidad estratégica y la
ausencia de estructuras propias.
En Ámsterdam se encontraron figuras centrales del anarquismo
internacional como Errico Malatesta, Pierre Monatte, Christiaan
Cornelissen, Emma Goldman, Rudolf Rocker, Luigi Fabbri o Amédée Dunois.
Más allá de sus diferencias políticas o personales, todos compartían la
percepción de que el anarquismo debía clarificar su relación con la
lucha de clases y con las organizaciones de masas, especialmente los
sindicatos. El debate principal giró precisamente en torno a esta
cuestión: si el anarquismo debía concebirse como una corriente política
e ideológica relativamente autónoma, que interviene en el movimiento
obrero sin confundirse con él, o si debía fundirse orgánicamente con el
sindicalismo revolucionario, asumiéndolo así como su principal
herramienta estratégica.
Errico Malatesta fue una de las voces más influyentes en defensa de la
primera posición. Para él, el anarquismo no podía reducirse a una
expresión espontánea de la lucha económica del proletariado. Consideraba
que los sindicatos, aun siendo necesarios y útiles como instrumentos de
resistencia y de mejora inmediata de las condiciones de vida, tendían
inevitablemente a la moderación, al reformismo y a la burocratización.
Por ello, sostenía que los anarquistas debían mantener su independencia
organizativa e ideológica, actuando dentro de las organizaciones obreras
como propagandistas y agitadores, pero sin subordinar su proyecto
revolucionario a las dinámicas propias del sindicalismo. Desde esta
perspectiva, la organización anarquista tenía como función principal
preservar y desarrollar un horizonte ético y político radical, capaz de
ir más allá de las demandas inmediatas y de preparar a las masas para
una transformación social profunda.
«Las organizaciones obreras, necesarias para la resistencia cotidiana,
pueden convertirse fácilmente en fuerzas conservadoras si no son
constantemente animadas por un ideal revolucionario».
E. Malatesta
Frente a esta visión, Pierre Monatte y otros militantes vinculados al
sindicalismo revolucionario defendieron una concepción mucho más
integrada entre anarquismo y movimiento obrero. Para ellos, la lucha de
clases no era solo un terreno de intervención táctica, sino el núcleo
mismo del proyecto libertario. Sostenían que el sindicalismo
revolucionario, basado en la acción directa, la autogestión y la
solidaridad obrera, encarnaba en la práctica muchos de los principios
fundamentales del anarquismo. Desde esta óptica, los sindicatos no eran
únicamente instrumentos de lucha económica, sino el embrión de la futura
sociedad libertaria, las estructuras a través de las cuales la clase
trabajadora podría organizar la producción y la vida social tras la
abolición del capitalismo y del Estado.
«El sindicalismo no es una doctrina, sino un movimiento; su fuerza
reside en la acción directa y en la organización consciente de las masas
trabajadoras».
P. Monatte
Este desacuerdo no se limitaba a una discusión teórica o abstracta, sino
que implicaba diferencias tácticas y estratégicas muy concretas. Una de
ellas era la cuestión de la neutralidad política de las organizaciones
de masas. Muchos sindicalistas revolucionarios defendían que los
sindicatos debían mantenerse formalmente neutrales, abiertos a
trabajadores de distintas corrientes ideológicas, para preservar la
unidad del movimiento obrero. Los anarquistas, en esta concepción,
actuarían como una minoría activa dentro de los sindicatos, influyendo
mediante el ejemplo y la práctica, pero sin imponer una etiqueta
ideológica explícita y abierta. Otros, en cambio, temían que práctica
sin desarrollo teórico y estratégico condujera a la dilución del
contenido revolucionario, facilitando una degeneración reformista o
autoritaria.
Además, un eje fundamental del debate fue el de la organización interna
del propio anarquismo. Aunque el congreso no llegó a adoptar
resoluciones claras al respecto quedó patente una preocupación
compartida por la dispersión y la falta de coordinación del movimiento.
Se criticó la tendencia a confiar exclusivamente en la espontaneidad o
en la iniciativa individual, sin construir estructuras estables capaces
de sostener una intervención continuada en la lucha social. Estas
discusiones anticipaban problemas que estallarían con mayor fuerza tras
la Revolución rusa y que darían lugar, años más tarde, al debate en
torno a la Plataforma de Dielo Truda, donde se plantearía de manera
explícita la necesidad de una organización anarquista con unidad
teórica, táctica y responsabilidad colectiva.
Con respecto a la organización anarquista, Emma Goldman, una de las
pensadoras fundamentales del movimiento libertario, incidió en la
importancia de la autonomía individual del militante anarquista:
«Yo también estoy a favor de la organización en principio. Sin embargo,
temo que tarde o temprano esto caiga en el exclusivismo... Aceptaré la
organización anarquista con una sola condición: que esté basada en el
absoluto respeto por todas las iniciativas individuales y no obstruya su
desarrollo o evolución. El principio esencial de la anarquía es la
autonomía individual.»
La relación entre «organización anarquista» y «masas» fue central. Se
afirmó con claridad que la revolución social no podía ser obra de
minorías conspirativas ni de élites hiperideologizadas, sino de las
masas trabajadoras organizadas. Sin embargo, persistía la tensión entre
confiar en la capacidad autónoma de las masas para desarrollar una
conciencia revolucionaria y la necesidad de una intervención política
consciente que orientara ese proceso. Para el sector venido del
sindicalismo francés, la experiencia cotidiana de la explotación y la
lucha era suficiente para generar prácticas libertarias; para otros, sin
una elaboración ideológica y estratégica más clara, el movimiento de
masas corría el riesgo de quedarse en reformas parciales o de ser
capturado por fuerzas oportunistas y/o reformistas.
Pese a no quedar resueltas esas tensiones, sí tuvo el mérito de
plantearlas de forma abierta. Sus debates marcaron un giro hacia una
mayor preocupación por la organización, la estrategia y la inserción
real en la lucha de clases. También mostraron la diversidad interna del
anarquismo y la dificultad de articular una relación estable -y
coherente- entre principios libertarios, organización política y
movimiento de masas.
La Organización Revolucionaria.
Más de un siglo después, muchas de las preguntas formuladas en 1907
siguen siendo centrales para los debates contemporáneos del anarquismo:
cómo organizarse sin reproducir jerarquías, cómo intervenir en las
luchas sociales sin diluir el proyecto emancipador y cómo articular la
relación entre teoría, práctica y masas populares. Ya entonces se
hablaba de la necesidad de desplegar una acción política ética.
Evidentemente, el contenido de la misma era diferente al de ahora. Sin
embargo, podemos ver cómo la cuestión prefigurativa de nuestra praxis
sigue atravesando al movimiento libertario.
Dadas las experiencias históricas, lejanas y no tan lejanas, queda claro
que el peligro de desvío reformista es muy plausible. La militancia
parcializada e individual nos ha llevado a una práctica contradictoria y
amorfa, como enunciaban los debates antes expuestos. Además, otro
asistente al Congreso ya mencionado, Christiaan Cornelissen, en su obra
Comunismo libertario y régimen de transición afirmó lo siguiente sobre
la práctica individual y voluntarista de los compañeros libertarios en
Rusia:
«Nuestros camaradas anarquistas que, por amor a la libertad y a la
independencia personal, olvidasen esta verdad fundamental, sufrirían en
el porvenir la suerte de los anarquistas cuando la Revolución en Rusia:
no tendrían ninguna influencia efectiva, pero serían precisamente buenos
para ayudar a los socialdemócratas marxistas y estatistas a llegar al
poder. Probablemente serían fusilados o enviados al presidio después de
haber dado, un tanto vanamente, sus mejores fuerzas a la Revolución social.»
El debate sobre la organización revolucionaria anarquista, como vemos,
sigue abierto. Vernos arrastradas por la corriente de los
acontecimientos o actuar a rebufo de otros movimientos debido a una
ausencia de programa común, es un error histórico con el que nos hemos
tropezado en varias ocasiones. Décadas más tarde, Fontenis en su
Manifiesto Comunista Libertario escribió lo siguiente sobre la necesidad
de organización revolucionaria:
«La vanguardia revolucionaria, ciertamente, ejerce un rol de guía y
liderazgo en relación al movimiento de masas. Argumentos para esto nos
son sin sentido, pues ¿Qué otro uso podría tener una organización
revolucionaria? Su propia existencia atestigua su carácter guiador,
orientador. La pregunta real es cómo se comprende este rol, qué
significado le damos a la palabra «guía». La organización
revolucionaria, tiende a su creación del hecho de que la mayoría de los
trabajadores conscientes sienten su necesidad, cuando se confrontan al
proceso desigual y la cohesión inadecuada de las masas.»
Otro hecho histórico del anarquismo, fue la Revolución de 1936,
focalizada en las zonas de Catalunya, Aragón y Paìs Valencià. Tras la
aceptación de un gobierno compartido con sectores de la burguesía, nació
un sector de base descontento con la línea oficial de la CNT-FAI: Los
Amigos de Durruti. Muy críticos con la colaboración con el Estado
republicano y con no culminar el proceso revolucionario, llegaron a
afirmar lo siguiente:
«La ausencia de un programa claro fue lo que permitió a la
contrarrevolución rehacerse. En mayo existían las fuerzas suficientes
para imponer un poder obrero».
Conclusiones
La relación entre la militancia más comprometida y las masas es una
tensión permanente. La línea entre liderar un proceso revolucionario o
ir de «vanguardia iluminada», que tiene discusiones teóricas
completamente alejadas de nuestra clase, es fina. Al final, dicha
tensión ha de ser una relación dialéctica que se retroalimente y no una
dicotomía vaga. No existen militantes sin praxis en los frentes; no
existen Organizaciones Revolucionaria si no se diagnostica esa necesidad
dada unas limitaciones en los frentes y dichas estructuras jamás serán
referenciadas por las masas si el trabajo de los militantes en los
frentes no es reconocido.
Por otro lado, esto es un debate vivo e ilusionante. Frente a fricciones
teóricas que puedan surgir entre anarcosindicalismo y el plataformismo
de la actualidad, significa que formamos parte de algo que se está
moviendo. Un anarquismo que diagnostica limitaciones y busca soluciones.
Un movimiento que se recompone en base a la discusión fraterna y el
choque diario con la realidad.
Lo que queda claro es que a lo largo de la historia muchas compañeras
anarquistas vieron la necesidad de organización, programa y unidad. Más
allá de estar insertas en las luchas amplias, juntarnos también entre
anarquistas para detenernos a pensar, mejorar y accionar. No por un
fetiche organizativo o estético, sino por una necesidad política. El
Congreso anarquista de Ámsterdam nos muestra las genealogías de un
debate que sigue vivo, de una llama que mantenemos encendida.
HkBk, militante de Liza Granada.
Enlaces de consulta:
El Congreso anarquista de Ámsterdam de 1907
https://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/amsterdam/indice.html
V. Griffuelhes El sindicalismo revolucionario
https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Victor%20Griffuelhes%20-%20El%20sindicalismo%20revolucionario.pdf
F. Pelloutier Historia de las bolsas del trabajo. Los orígenes del
Sindicalismo Revolucionario
https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Fernand%20Pelloutier%20%20Historia%20de%20las%20Bolsas%20del%20Trabajo.pdf
E. Pouget La acción directa
http://solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Emile%20Pouget%20-%20La%20accion%20directa.pdf
E. Pouget El Sabotaje
https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Emile%20Pouget%20-%20El%20sabotaje.pdf
A. Guillamón Los Amigos de durruti. Historia y antología de textos
https://bibliothequedumarxisme.wordpress.com/wp-content/uploads/2019/08/los_amigos_de_durruti._historia_y_antologc38da_de_textos_-_agustc3adn_guillamon.pdf
C. Cornelissen El comunismo libertario y el régimen de transición
https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Christiaan%20Cornelissen%20-%20Comunismo%20libertario%20y%20regimen%20de%20transicion.pdf
G. Fontenis Manifiesto comunista libertario
https://mirror.anarhija.net/es.theanarchistlibrary.org/mirror/g/gf/george-fontenis-manifiesto-comunista-libertario.c109.pdf
https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/02/la-vigencia-del-congreso-anarquista-de-amsterdam/
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