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(ca) Spaine, Regeneracion: Masculinidades pacíficas para una reformulación del socialismo libertario (en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Mon, 19 Jan 2026 07:17:17 +0200


Tras muchos años arrastrando un lastre de dogmas y prácticas autolesivas para el movimiento libertario, parece que por fin se abre un abanico de posibilidades para la crítica de las lógicas organizativas y los conceptos clave que impedían un debate sincero, capaz de permitir la transformación de la realidad. No es la intención menospreciar los avances (aunque sean parciales) alcanzados en los últimos años. Pero algunos temas aún están por abrirse de par en par. Al menos uno.

Muchos de los entornos libertarios de los últimos años adolecían de una escasísima representación femenina y de identidades de género disidentes. Este hecho, por sí solo, debería hacernos reflexionar sobre la forma en que hemos habitado los espacios libertarios.

La experiencia de muches compas en estos espacios describe una aceptación tácita de los valores de la masculinidad más convencional y tóxica, envueltos en una ideología liberadora. En ellos se exaltan valores como la rigidez en las convicciones o la bravuconería, convirtiendo frecuentemente las actividades de estos grupos en una búsqueda de prestigio más que en una acción política genuina. Esto, a su vez, relega a un segundo plano las actividades consideradas de menor prestigio. Entre estas, destacan, por un lado, el trabajo reproductivo, y particularmente los cuidados. Relegarlos así explica en gran medida la desarticulación y fragmentación periódica de los movimientos sociales, que dejan tras de sí pequeños grupos, a menudo más centrados en rencillas y rivalidades que en la transformación social. Por otro lado, la otra gran consecuencia de estas dinámicas masculinizadas es la glorificación de la acción por la acción misma, donde actuar se convierte en el objetivo "de facto" de la organización, dejando progresivamente de lado la transformación social antes mencionada.

Esto no quiere decir que valores como la convicción o el denuedo no puedan ser funcionales para una práctica concreta, sino que se vuelven disfuncionales cuando se convierten en una condición acrítica y normalizada; una condición sine qua non para participar en el espacio, ser escuchades y reclamar atención y capacidad de agencia. En definitiva, una forma de habitar que nos acerca a las masculinidades hegemónicas

Estamos convencidos de que estas formas de relacionarse se reprodujeron de manera similar en gran parte del Estado, y que estas dinámicas han contribuido a construir una forma de convivencia en el anarquismo tendente a la confrontación, dificultando la reflexión sobre el comportamiento propio e incapacitándonos para llegar a acuerdos en muchos ámbitos.

Este modo de funcionar, una vez normalizado, no afecta únicamente a los hombres, sino que, al ser condición necesaria para ejercer agencia, supuso una adaptación obligatoria para las mujeres y disidencias que militaban a nuestro lado. A menudo, las actitudes agresivas, confundidas con convicción militante, también eran ejercidas por elles. Del mismo modo, también influye en los hombres que no se identifican con esa masculinidad clásica o tóxica, que a menudo se ven obligados a un seguidismo y una complicidad que son testigos de un tipo de poder muy relacionado con las dinámicas de género.

Y no encontramos estas conductas exclusivamente en los espacios políticos. En el ocio organizado desde los movimientos sociales se reproducen regularmente comportamientos directamente relacionados con la masculinidad más tóxica y el machismo: violencia, abuso de alcohol y drogas, y conductas poco respetuosas con les compas. La repetición constante de estas conductas, a pesar de las acciones, conversaciones y decisiones asamblearias teóricamente aceptadas por todes, desgasta a les compas, que generalmente tienen que gestionar estas situaciones durante el tiempo de ocio, además de en las asambleas.

Sabemos que hoy estamos en otro punto, y que resulta adecuado tratar de cerrar el ciclo anterior. Vemos a la gente más joven ejercer formas de masculinidad algo más relajadas. Pensamos que ya no confunden tanto la flexibilidad a la hora de llegar a acuerdos con falta de firmeza, ni se dejan llevar tanto por el orgullo cuando toca reconocer un error. Pero esto no debería ser excusa para evitar tratar un tema tan complejo como este, ya que tiene enormes implicaciones para la consecución de un programa político libertario: ser algo mejores no soluciona el problema. La situación sigue siendo tal que la mayoría de las personas que ocupan los espacios son hombres cis.

Pensemos en cómo las personalidades de los principales líderes políticos a nivel global se adaptan perfectamente a la masculinidad tradicional. ¿Podemos concebir un genocidio como el que está ocurriendo en Palestina sin una ausencia total de empatía? ¿La actitud de Trump hacia sus propios aliados sin un narcisismo desbordante? ¿O las pretensiones de Putin sobre el este europeo sin un evidente maquiavelismo? Las actitudes más tóxicas de la masculinidad dominante nos acercan a formas de gestión de los asuntos públicos propias de gobiernos autoritarios, y estas no solo tienen repercusión en las altas esferas de la política internacional, sino que también están presentes en la construcción de organizaciones anticapitalistas. Por esto mismo es urgente reflexionar sobre qué conductas, qué reacciones y qué silencios queremos normalizar en nuestros espacios.

Y sí, podemos decir que esas masculinidades estaban ahí antes de que llegáramos. Incluso que nuestros actos son reflejo de una herida y que tratamos a los demás de la misma forma en que nos trataron a nosotros. Y sí, esto explica, pero no justifica. ¿Quiénes somos hoy? ¿Quiénes queremos ser mañana? ¿Qué tipo de masculinidades queremos normalizar para esta reformulación del anarquismo? Y sí, el patriarcado nos afecta a todes, y todes somos bastante tóxiques a veces, pero ahora somos nosotros, como hombres, quienes estamos llamados a dar un paso adelante por dos motivos. El primero, porque elles ya lo dieron. El segundo, porque esa construcción de la masculinidad anarquista "clásica" estaba (¿estaba?) sustentada directamente en nosotros.

¿Estamos favoreciendo en nuestros debates, en nuestras interacciones, la creación de lugares más habitables? ¿La falta de mujeres e identidades disidentes en nuestras recientes organizaciones no tendrá que ver también con esto? Es evidente que este no es el único motivo y que para abordar esa cuestión deberíamos tratar también el rechazo de gran parte de la población a adscribirse a identidades políticas consolidadas, que perciben como poco atractivas, pese a que en su día a día compartan los valores propios del socialismo libertario. Pero esto, de nuevo, no nos resta un ápice de responsabilidad.

Tiene que ver. Pero tenemos un campo donde trabajar, de una forma u otra.

Está en nuestras manos normalizar, a partir de aquí y ahora, formas de habitar los entornos libertarios desde masculinidades no hegemónicas. Masculinidades pacíficas que no acaben cayendo en lógicas fratricidas, que rechacen el pacto patriarcal, que asuman sus responsabilidades, que admitan errores y que flexibilicen sus posturas para llegar a acuerdos. Asimismo, tenemos que reflexionar sobre hasta qué punto estas nuevas masculinidades se deben a un reajuste del sistema para asegurar su perpetuación.

Sin embargo, la responsabilización individual, aunque necesaria, no es suficiente. Remitirse solo a ella es volver a la lógica (neo)liberal de responsabilizar a la gente por problemas sistémicos. Tenemos una responsabilidad personal de cambiar estas conductas, pero posiblemente la herramienta más efectiva para lograrlo tenga que pasar por los acuerdos colectivos. Éstos, además, tienen la inmensa ventaja de que podemos incluir en este proceso las ideas y opiniones de las personas que se ven directamente afectadas por nuestra conducta.

Es por eso que debemos hacer hincapié en la importancia de una visión colectiva frente a la solución individualizada que defiende el "feminismo liberal". Así como es fundamental promover la reflexión individual, también es crucial proponer soluciones colectivas. Por ejemplo, el establecimiento de herramientas de moderación y su aplicación en las asambleas; la promoción de la reflexión en común mediante formaciones y dinámicas grupales; o la repartición equitativa de las tareas menos visibles mediante métodos como la calendarización o el sorteo, en lugar de dejarlo al voluntarismo que lleva a que recaiga sobre "las de siempre". Tal vez así, los nuevos movimientos transformadores podrían comenzar a desprenderse de las lacras del machismo y la masculinidad tóxica, abriendo camino a nuevas formas de pensar, prioridades y actuaciones alejadas de concepciones prepolíticas mantenidas por los sectores más remisos al cambio.

Masculinidades de Xesta.

https://regeneracionlibertaria.org/2025/12/19/masculinidades-pacificas-para-unha-reformulacion-do-socialismo-libertario/
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