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(ca) cgt catalunya: Presos políticos ... y nosotros, los y las libertarias de Ermengol Gassiot

Date Wed, 25 Sep 2019 09:12:49 +0300


Antes parecía que fuera una palabra proscrita. En cambio ahora, "presos políticos" (curiosamente no se dice demasiado "presas políticas") lo sentimos cada día varias veces. A través de algunos medios, tertulia tras tertulia, se está creando un cierto consenso en torno a la palabra y, ya sea por simpatía o por antipatía, se vincula a 8 personas muy específicas. Ya sabéis de qué hablo. ---- En esta coyuntura, nosotros los y las libertarias tenemos una situación muy compleja. Por un lado, nos sentimos empujados a denunciar la brutalidad del Estado. Siempre lo hemos hecho, independientemente del adjetivo que acompañara a este estado (catalán, español o lo que fuera). Por la otra, es innegable que no podemos ver como cercanos ni con simpatía políticos que en el pasado nos han reprimido directamente, nos han privatizado los servicios públicos y, en definitiva, han sido instrumentos del estado capitalista. Mala pieza en el telar, es innegable. Pero en la medida en que no tenemos la capacidad de modelar la realidad a nuestro gusto (ya quisiéramos), es inevitable que constantemente tengamos que ir moviendo en situaciones incómodas y donde es difícil posicionarse a ellos sin ninguna contradicción. Esto no es nuevo, nos ha pasado reiteradamente y pienso que siempre es sano intentar analizar pausadamente donde nos encontramos y debatir cómo miramos de responder a esta realidad. Porque, en definitiva, queremos ser parte de esta realidad y cambiarla. Lo contrario sería como ser figuras de un museo de cera, pulcros pero inmóviles e inservibles. Miro, pues, de compartir algunas reflexiones pensando en un futuro próximo.

Y

Quizás habría que revisar el concepto de "tomado (y toma, aunque actualmente los grandes medios lo utilizan poco) político". Y lo digo siendo consciente de que desde hace muchos años he llamado muchas veces aquello de "libertad presos y presas políticas" y he ido a muchas cárceles a visitar compañeros / as que los calificaba como tal. Pues bien, creo que los y las libertarias no debemos olvidar que la existencia de prisiones es una opción política, que responde a la existencia de mecanismos coercitivos ya una forma de resolver, desde el poder, múltiples situaciones. De igual manera que los consensos ideológicos y el sentido común son política, la definición de lo que se considera un crimen y la manera de abordarlo también. En consecuencia, toda persona presa es un preso o presa política.

Hace años llamábamos "presos sociales a las personas que estaban en prisión por causas que ellas no reclamaban como políticas, ideológicas, de conciencia, etc., en". Más o menos veníamos a reconocer esto y, al mismo tiempo, que la existencia de prisiones era fruto de un modelo de sociedad que combatíamos. Pues bien, la existencia de cárceles y personas presas es consecuencia de una determinada política, desde las desigualdades sociales en la represión, pasando por los modelos educativos, culturales, de consumo, etc.

II

Una opción para individualizar los y las presas políticas del resto puede ser fijarnos en si las conductas y acciones que motivan su encarcelamiento tienen o no un carácter ideológico consciente. En este sentido, un preso anarquista sería un preso político. O una sindicalista encarcelada por una huelga. Pero también podría ser un nazi que acabe entre rejas por una agresión racista. De este modo, la palabra "preso / a político / a" nos sitúa ante un tipo de actuación que, básicamente, consiste en una actuación que de manera consciente sigue una ideología o actitud política. En consecuencia, del mismo modo que hay presos y presas políticas anarquistas, de la organización ETA, sindicales, etc., también hay de fascistas. De los unos queremos que salgan de la cárcel, los demás podemos alegrarnos que sean,

Es decir, el primer factor que hace que sentimos como cercano o como nuestro un preso o una presa política es su actuación política; lo que motiva que haya sufrido la represión. Desde un prisma un poco amplio, porque si aplicamos el reduccionista la mayoría de nosotros estaríamos más solos que la una, de presos / as políticos / as y de gente que corre el riesgo de serlo hay muchos actualmente. En realidad, desde 1978 hasta ahora no ha dejado de existir aunque con el endurecimiento de las políticas contra la disidencia tanto en España como gran parte del mundo ahora posiblemente hay haya más. Personalmente yo siento cam a nuestros los y las anarquistas en prisión, anticapitalistas de distintas corrientes ideológicas que están encarcelados en Europa, ya sea por acciones armadas o no, sindicalistas, etc. En el caso de Cataluña a nadie se nos escapa que esto que llamamos el "Proceso" ha dejado muchas y muchas personas encausadas en procesos judiciales, que se añaden a otros procesos penales abiertos (por razones personales, podría citar el caso de los "27 y más", pero hay muchos otros). Más allá de los ex-miembros del gobierno y de los Jordis en prisión, hay cientos o miles de personas que tienen que hacer frente a procesos penales. Tamara, Ana, Guillem, Ramon y muchos otros nombres anónimos, aquí y allá. En muchos casos son compañeros de muchas luchas, porque antes y al margen del Proceso también hay vida, espacios colectivos y lucha. La lucha contra su represión también es mi lucha. podría citar el caso de los "27 y más", pero hay muchos otros). Más allá de los ex-miembros del gobierno y de los Jordis en prisión, hay cientos o miles de personas que tienen que hacer frente a procesos penales. Tamara, Ana, Guillem, Ramon y muchos otros nombres anónimos, aquí y allá. En muchos casos son compañeros de muchas luchas, porque antes y al margen del Proceso también hay vida, espacios colectivos y lucha. La lucha contra su represión también es mi lucha. podría citar el caso de los "27 y más", pero hay muchos otros). Más allá de los ex-miembros del gobierno y de los Jordis en prisión, hay cientos o miles de personas que tienen que hacer frente a procesos penales. Tamara, Ana, Guillem, Ramon y muchos otros nombres anónimos, aquí y allá. En muchos casos son compañeros de muchas luchas, porque antes y al margen del Proceso también hay vida, espacios colectivos y lucha. La lucha contra su represión también es mi lucha. espacios colectivos y lucha. La lucha contra su represión también es mi lucha. espacios colectivos y lucha. La lucha contra su represión también es mi lucha.

En cambio, hay algunos presos de quien no puedo decir lo mismo. No nos podemos identificar en absoluto con sus trayectorias políticas, que a menudo han promovido la represión de muchos movimientos sociales, la explotación, el lucro privado con las necesidades colectivas, etc. Si el capitalismo mata, los políticos que le dan cobertura alguna responsabilidad tienen. Conviene no olvidarlo[Y todo ello sin entrar a valorar si una parte de eso que llamamos "Proceso" no ha sido una escenificación gigantesca, con toma de pelo a miles y miles de personas que han creído que realmente se iba hacia la independencia de Cataluña].

III

Llegados aquí, no podemos dejar de mencionar el Estado. Es necesario porque es quien ejerce la represión y quien le otorga unas determinadas características: puede aplicar sanciones administrativas o procedimientos penales, puede acelerar sus actuaciones o alargarlas y dosificarse en el tiempo, puede permitir una determinada acción (un referéndum, una ocupación de un centro de trabajo, una mani, un escarnio, etc) o reprimir de forma más o menos evidente e intensa. Si la represión es un arma de guerra contra movimientos y organizaciones sociales, es el Estado quien decide cuando, contra quién y de qué manera la utilizará. En la medida en que tipifica la respuesta a una conducta determinada, el combate contra la represión también debe hacerse mirando directamente qué está haciendo el Estado.

En este sentido, Quim Horno, Rull o Junqueras nos pueden generar antipatía. Incluso, los podemos considerar nuestros enemigos de clase, que han defendido intereses antagónicos a los nuestros. Que ellos mismos, cuando han tenido el poder para hacerlo, nos han reprimido o han cerrado los ojos cuando otros lo hacían. Y tendremos razón. Pero esto no quita que la argumentación que utilice el Estado para encarcelarlos sea, en sí misma, también una amenaza para nosotros. Todos sabemos que en Cataluña los días 20 de septiembre, 1 y 3 de octubre de 2017 no hubo ninguna insurrección. Había mucha gente en la calle, unos defendiendo escuelas, otros defendiendo unas instituciones (que no siento nuestros en absoluto), otros rechazando la represión policial, etc. Dejar que se tipifique esto como un levantamiento violento o que se considere "turba" una concentración de personas implica otorgar una victoria a esta "neolengua" que hace años que se está creando. Una "neolengua" que considera como problema de orden público cualquier acción colectiva no sancionada desde las instituciones y que asimila gran parte de estas acciones no reguladas en "violencia". Una "neolengua" que los diferentes gobiernos, también de la Generalitat, han contribuido a crear activamente (no olvidemos los calificativos recibidos por quien luchaba contra el Plan Bolonia en las universidades, los recortes, las reformas laborales, el efecto Can Vies, etc ) y que, paradójicamente, ahora es el arma utilizada contra sus ex-consejeros. Hace años que nosotros luchamos contra esta "neolengua" y creo que no nos podemos permitir el lujo de no seguir combatiéndola.

IV

Termino. A nadie se nos escapa que las próximas semanas, con la sentencia del Supremo, nos encontraremos en una situación complicada. Por un lado, no debemos dejar que una dinámica interclasista y transversal, que no defiende lo mismo que nosotros, nos marque el paso y la agenda. Por otro lado, no podemos dejar de hacer frente a la represión, una represión que a pesar de centrarse (ahora y de manera puntual) en una gente que no son de los nuestros, no deja de ser aterradora y un oscuro presagio del futuro que nos quieren preparar.

Nos encontramos ante una paradoja que nos obligará a meditar nuestras respuestas. Unas respuestas que no pueden ser girar la cara y mirar hacia otro lado ( "como que no era judío, no hice nada ..."). Hacerlo nos haría cómplices, aunque sea por omisión, del Estado y su política represiva. Pero que tampoco pueden seguir los escenarios previstos por el aparato mediático processista y el sienta común que hace meses están creando. Hacerlo nos anula políticamente y nos hace subalternos a unos dictados ideológicos que en absoluto son compatibles con nosotros.

Habrá que pensar cómo actuar y hacerlo por nosotros mismos.

* Ermengol Gassiot, Secretario General de la CGT

Artículo en el Blog "La sal de la tierra"

http://www.cgtcatalunya.cat/spip.php?article13173
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