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(ca) Italy, FDCA, Cantiere #46 - INPS es más que pensiones - Historia de los activos mutualistas - Totò Caggese (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Sun, 27 Sep 2026 08:24:40 +0300


¿Por qué hablar hoy del INPS? La presentación del Informe Anual 2025 del INPSvuelve a situar el futuro del sistema italiano de protección social en el centro del debate. Al presentarlo, el presidente del Instituto, Gabriele Fava, propuso la creación de un "Taller de Bienestar": un espacio permanente para desarrollar y debatir políticas sociales para los próximos años.
Es una propuesta que merece atención. El envejecimiento de la población, el descenso de la natalidad, las transformaciones del mercado laboral y los profundos cambios económicos y sociales plantean interrogantes que ningún sistema de protección puede eludir.

Pero cualquier reflexión sobre el futuro debe comenzar con la comprensión del presente. Antes de analizar cómo debería evolucionar el sistema de bienestar italiano, quizás sea necesario plantear una pregunta aún más sencilla.

¿Qué es realmente el INPS?

La respuesta más común parece casi obvia: es la institución que paga las pensiones. Una respuesta comprensible, pero simplista.

El INPS es la principal institución de seguridad social de Italia, pero limitar su función al pago de pensiones ignora un aspecto clave de su funcionamiento e historia. Detrás de esa definición se esconde un sistema mucho más amplio, construido a lo largo de más de un siglo, que apoya la vida de los trabajadores antes de la jubilación: durante enfermedades, bajas por maternidad, desempleo, crisis empresariales y muchas otras situaciones en las que los ingresos individuales disminuyen o se reducen.

Para comprender el debate sobre el futuro del INPS, es necesario dar un paso atrás. Antes de considerar las reformas del Instituto, debemos entender la naturaleza del patrimonio social que administra y las raíces históricas de las que se originó.

Cada mes, millones de trabajadores italianos pagan cotizaciones al INPS.

La mayoría cree que estas aportaciones se utilizan principalmente para financiar su futura pensión. En realidad, solo una parte de sus aportaciones se destina a este fin. El resto alimenta un complejo conjunto de fondos que intervienen en diferentes etapas de su vida laboral.

Cuando un trabajador enferma y continúa recibiendo ingresos. Cuando un trabajador toma licencia por maternidad o paternidad.

Cuando una empresa atraviesa una crisis y recurre a despidos. Cuando una persona pierde su empleo y recibe prestaciones por desempleo. Cuando un empleador quiebra y el Fondo de Garantía de Indemnizaciones por Despido interviene.

Se trata de prestaciones distintas, regidas por normativas diferentes y financiadas mediante contribuciones específicas. A primera vista, pueden parecer herramientas independientes, casi sin un denominador común. Sin embargo, todas responden a la misma razón: proteger a las personas de sucesos que podrían interrumpir o reducir sus ingresos.

Las pensiones son, sin duda, el componente económicamente más significativo del sistema administrado por el INPS, pero no agotan su función. Junto con la protección de la vejez, existen planes de seguro por enfermedad, maternidad, desempleo, suspensión laboral y otros riesgos sociales que se han desarrollado a lo largo del desarrollo industrial del país.

Visto en su conjunto, el INPS se asemeja menos a una simple institución de pensiones y más a la administradora de un complejo sistema de seguridad social que apoya a los trabajadores a lo largo de toda su vida.

¿De dónde proviene este sistema?

El mutualismo del trabajo

El sistema de seguridad social administrado actualmente por el INPS no tuvo su origen en el INPS.

Sus raíces se encuentran en la experiencia del movimiento obrero y las sociedades de ayuda mutua, que surgieron para afrontar colectivamente los riesgos que acompañan la vida de los trabajadores y las trabajadoras.

Enfermedad. Lesión. Vejez. Maternidad. Pérdida del empleo. Crisis de producción.

Son sucesos distintos, pero todos comparten una característica: nadie puede predecir si les afectarán ni cuándo. Sin embargo, todos podemos contribuir a que quienes los afronten no queden solos.

Esta es la lógica del mutualismo: transformar un riesgo individual en una responsabilidad colectiva.

Sin embargo, con el desarrollo de la sociedad industrial, las formas voluntarias de ayuda mutua por sí solas dejaron de ser suficientes. La expansión del trabajo asalariado, el crecimiento de grandes concentraciones industriales y la aparición de nuevos riesgos sociales hicieron necesaria la creación de instrumentos más estables capaces de garantizar una protección integral para toda la comunidad trabajadora.

El Estado intervino gradualmente para reconocer estas formas de protección, hacerlas obligatorias, someterlas a normas comunes y asumir su administración. El INPS se convirtió en el principal organismo responsable de gestionar este sistema.

Pero gestionar no significa crear.

El capital mutuo no proviene del INPS ni del Estado. Surge de la capacidad del mundo trabajador para organizar formas colectivas de solidaridad, que han sido progresivamente reconocidas e institucionalizadas.

Una riqueza construida con trabajo

Cada mes, millones de trabajadores destinan una parte de su patrimonio a fondos de inversión diseñados para financiar prestaciones colectivas: pensiones, prestaciones por enfermedad, permisos de maternidad y paternidad, indemnizaciones por despido, prestaciones por desempleo, el Fondo de Garantía de Indemnizaciones por Despido y muchas otras prestaciones.

Cada contribución tiene un propósito específico. Sin embargo, en conjunto, estos pagos se basan en un principio común: compartir el costo de riesgos que ninguna persona podría afrontar sola.

En jerga jurídica, esto se denomina contribuciones obligatorias. Desde una perspectiva social, estas contribuciones también representan una parte de la riqueza producida por el trabajo, destinada a construir derechos y protecciones comunes.

Este es el patrimonio mutualista administrado por el INPS.

Pero, ¿cuál es su tamaño real en la actualidad?

¿Cuánto valen hoy los activos mutualistas?

La riqueza mutualista generada por el trabajo dependiente puede medirse.

El Informe Anual 2025 del INPS muestra su tamaño a través del número de personas aseguradas, pensionistas, prestaciones pagadas, empresas participantes y recursos financieros gestionados.

Los siguientes datos no solo describen las actividades del INPS, sino que también miden la magnitud de uno de los mayores activos colectivos construidos por el trabajo en la historia del país.

Hay 27 millones de trabajadores asegurados por el INPS y 1,8 millones de empresas que realizan aportaciones anuales. Existen 15,7 millones de pensionistas, mientras que los pagos de pensiones superan los 21 millones, lo que indica que muchas personas reciben más de una prestación. A esto se suman 30,1 millones de certificados médicos de enfermedad, 2,8 millones de beneficiarios del NASPI y 10 millones de niños que reciben la Prestación Única y Universal.

Estas cifras son difíciles de conciliar con la imagen tradicional del INPS como una simple institución de pensiones. Describen un sistema que acompaña a millones de personas a lo largo de su vida: cuando se incorporan al mercado laboral, cuando enferman, cuando nace un hijo, cuando pierden su empleo y cuando se jubilan.

Las dimensiones económicas también confirman esta realidad. En 2024, el INPS gestionó 471.000 millones de euros en ingresos corrientes, de los cuales 284.000 millones procedían de cotizaciones, y desembolsó 460.000 millones de euros, de los cuales 417.000 millones se destinaron a prestaciones institucionales.

Estas cifras revelan algo más allá del presupuesto de una institución pública. Revelan la dimensión económica de la solidaridad organizada. Cada año, una parte de la riqueza producida por el trabajo se recauda y se redistribuye para garantizar la seguridad social de millones de personas.

Estas son las cifras que hoy dan sustancia a los activos mutualistas administrados por el INPS.

Conclusiones

El Informe Anual 2025 del INPS invita a reflexionar sobre el futuro del bienestar en Italia. Esta reflexión es necesaria: el envejecimiento de la población, el descenso de la natalidad y la transformación del mercado laboral son retos a los que ningún sistema de protección social puede eludir.

Pero cualquier reforma debe comenzar por comprender qué administra el INPS. Detrás de las pensiones, las prestaciones y las redes de seguridad social hay mucho más que el trabajo de una institución pública. Es un patrimonio colectivo construido a lo largo de más de un siglo gracias al trabajo y las contribuciones de millones de personas.

Hablar del futuro del INPS significa, ante todo, hablar del futuro de este patrimonio mutualista: cómo preservarlo, fortalecerlo y adaptarlo a los cambios sociales, sin perder de vista sus principios fundacionales.

Porque el mutualismo no es cosa del pasado. Es la idea, aún vigente hoy en día, de que los grandes riesgos de la vida no deben recaer exclusivamente sobre el individuo, sino que pueden afrontarse colectivamente a través de la solidaridad.

Quizás sea desde aquí, y no desde una discusión abstracta sobre el futuro, desde donde debería comenzar el "Taller de Bienestar" propuesto por el presidente Fava: desde una toma de conciencia concreta de lo que el sistema ya gestiona.

Antes de analizar el futuro del INPS, debemos considerar el futuro de los activos mutualistas que gestiona. Esta es quizás la reflexión más importante que ofrece el Informe Anual 2025 del INPS .

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