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(ca) Spaine, Regeneration: El Socialismo Gremial: Orígenes, Teoría y Trayectoria Por Embat (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Tue, 14 Jul 2026 08:08:31 +0300
Volvemos con otro artículo didáctico, para entender cómo se funcionaba
en otros tiempos y ver qué podemos aprender y aplicar a nuestra realidad
cotidiana. Esta vez veremos el socialismo gremial, conocido en inglés
como guild socialism. Se trata de una rama del socialismo muy denostada
por diversas razones que veremos, que tuvo su mayor fuerza en Gran
Bretaña durante las primeras décadas del siglo XX. ---- El Socialismo
Gremial proponía el control obrero de la industria a través de gremios
democráticos, independientes del estado. Surgió como una «tercera vía»
entre el capitalismo de libre mercado y el colectivismo centrado en el
Estado, defendido por la - también socialista - Sociedad Fabiana,
inspirándose en una amalgama de sindicalismo, crítica marxiana, y un
peculiar idealismo medievalista.
Por lo tanto estamos ante un modelo socialista a caballo entre el
socialismo libertario y el laborismo británico, por encuadrarlo de
alguna manera. El apelativo de «gremial» ya nos hace imaginar unos
gremios medievales, que en Europa llegaron a funcionar hasta finales del
siglo XVIII y comienzos del XIX. Este sistema entró en crisis por causas
propias del modelo, y fue liquidado por el auge del liberalismo, que
entendía los gremios como un obstáculo para el libre flujo de
trabajadores y capitales. Estas ideas gremiales sobrevivieron y se
adaptaron a los nuevos tiempos contribuyendo a las ideas de Owen,
Fourier, Cabot y Proudhon y otros socialistas de la época de entre 1820
y 1850. Tuvieron impacto directo en el mutualismo, en el cooperativismo
y las sociedades de socorros mutuos, que son las precursoras de
«nuestro» estado del bienestar.
Contrario a su representación tradicional como una ideología monolítica
y exclusivamente británica, un análisis profundo revela que el
Socialismo Gremial funcionó como un «sistema de conocimiento» dinámico,
institucionalizado por la Liga Nacional de Gremios (NGL) en 1915. Este
sistema albergaba y gestionaba múltiples significados coexistentes y a
menudo en tensión: una vertiente medievalista centrada en la artesanía y
la calidad del trabajo; una vertiente corporativista que abogaba por una
asociación entre los gremios y el Estado para equilibrar los intereses
de productores y consumidores; y una vertiente sindicalista que defendía
el control obrero democrático desde la base y se oponía al poder estatal.
El movimiento alcanzó una notable circulación global, yendo más allá del
contexto británico a través de una red internacional de traductores,
periodistas y sindicalistas que adaptaron sus ideas a contextos locales
en Europa, América y Asia. Al fin y al cabo Gran Bretaña era la primera
potencia mundial y esto también se reflejaba en las ideas sociales que
exportaba.
Su apogeo llegó en el período de reconstrucción posterior a la Primera
Guerra Mundial con el surgimiento de los Gremios de la Construcción, un
ambicioso experimento de producción democrática, bajo control obrero.
Sin embargo, la Liga Nacional de Gremios colapsó en 1923 debido a la
crisis económica, la austeridad gubernamental, divisiones internas
exacerbadas por debates sobre el bolchevismo y otras nuevas teorías
económicas, así como debido a la presión externa de otros movimientos de
la izquierda británica. Tras un breve resurgimiento, sus ideas se
fragmentaron y fueron absorbidas por diversas corrientes dentro del
Partido Laborista, movimientos federalistas e incluso círculos de
derechas, dejando un recuerdo complejo sobre la democracia industrial.
Contexto histórico
Como acabamos de decir, el Socialismo Gremial emergió en el seno de la
izquierda británica eduardiana. En este tiempo, la izquierda británica
era un ecosistema intelectual definido por una tensión fundamental entre
dos visiones contrapuestas del socialismo: el colectivismo y el control
obrero.
Por un lado, tenemos el llamado colectivismo Fabiano, que fue la
corriente dominante en la época. Estaba liderada por la Sociedad
Fabiana, entre cuyos miembros estaban Sidney y Beatrice Webb y George
Bernard Shaw. El colectivismo Fabiano proponía una transición gradual y
pacífica al socialismo a través de la reforma parlamentaria. Su objetivo
era la propiedad y el control estatal de los medios de producción,
enfatizando la eficiencia, la planificación centralizada y la
administración burocrática como vehículos para una distribución
equitativa. Aquí podemos ver claramente el posterior laborismo político.
Por el otro lado, tenemos una corriente de base que proponía el control
obrero. En oposición al colectivismo, diversas corrientes abogaban por
que el poder económico residiera directamente en los trabajadores. Esta
tradición se nutrió tanto del Sindicalismo Francés.1 Como sabemos, era
un movimiento inspirado a principios del siglo XX por la Confédération
Générale du Travail (CGT), que promovía la acción directa, la huelga
general y los sindicatos autónomos como la base fundamental de una nueva
sociedad. Un punto diferencial: rechazaban la acción política
parlamentaria. Y se nutrió también, aunque en menor medida, por el
Industrial Unionism estadounidense. Este era un movimiento liderado por
figuras como Daniel De Leon y organizaciones como los Industrial Workers
of the World (IWW), y proponía la creación de «Un Gran Sindicato» (One
Big Union) que abarcaría industrias enteras para tomar el control de la
producción.
Este debate se intensificó durante el período de «Gran Agitación» (Great
Unrest) justo antes de la Primera Guerra Mundial, un tiempo de una
conflictividad laboral muy dura que desafió por unos años tanto al
capitalismo como a las propuestas colectivistas del incipiente estado de
bienestar británico.
Dentro de este contexto, tenemos cuatro figuras intelectuales fueron
fundamentales para articular las ideas que conformarían el Socialismo
Gremial:
Arthur J. Penty: Arquitecto influenciado por el movimiento Arts and
Crafts de John Ruskin y William Morris (movimiento encuadrado en un
socialismo libertario sui generis). En su obra The Restoration of the
Gild System (1906), propuso una reactivación de los gremios medievales
como una alternativa al industrialismo deshumanizante. Su visión era
medievalista, anti-materialista y crítica con la eficiencia fabiana,
abogando por la primacía de la artesanía y la calidad.
Alfred R. Orage: Era editor de la influyente revista literaria The New
Age, y gracias a ello proporcionó una plataforma crucial para el
desarrollo y la difusión de las ideas gremiales, convirtiendo la
publicación en un semillero de debate antifabiano.
Samuel G. Hobson: Sistematizó las ideas iniciales en una teoría más
coherente. En National Guilds: An Inquiry into the Wage System (1914),
propuso un modelo actualizado de «Gremios Nacionales» que se
desarrollarían a partir de los sindicatos existentes (es decir, a partir
de las Trade Unions). Su contribución clave fue la concepción de una
asociación dual entre los gremios (representando a los productores) y el
Estado (que representaba a los consumidores), con el objetivo final de
abolir el sistema salarial, al que consideraba una forma de «esclavitud».
George D. H. Cole: Un joven académico de Oxford que inicialmente criticó
la ambigüedad de la teoría, pero pronto se convirtió en su principal
desarrollador. A través de obras como The World of Labour (1913) y Guild
Socialism Re-stated (1920), Cole infundió a la teoría una base
pluralista y antisoberanista, argumentando que el poder en la sociedad
debía ser funcional y descentralizado, en lugar de concentrarse en un
Estado omnipotente. Fue la figura instrumental en la creación de la Liga
Nacional de Gremios.
La Liga Nacional de Gremios
La fundación de la Liga Nacional de Gremios (NGL) en abril de 1915 marcó
la institucionalización del movimiento. La Liga fue creada por un grupo
de intelectuales, muchos de ellos disidentes de la Sociedad Fabiana, y
no fue simplemente una organización política, sino que se veía a sí
misma como un «sistema de conocimiento» que producía, gestionaba y
difundía activamente múltiples interpretaciones del Socialismo Gremial.
En plena Primera Guerra Mundial, la Liga lanzó una potente campaña para
difundir sus ideas, utilizando publicaciones como The Guild Idea: An
Appeal to the Public y National Guilds: An Appeal to Trade Unionists,
que fueron diseñadas para atraer a diferentes audiencias, desde la clase
media hasta los sindicalistas. Tenían un periódico mensual, The
Guildsman (más tarde The Guild Socialist), sirvió como foro central para
el debate interno y la comunicación con una creciente red internacional
que les seguía.
La Liga estableció sucursales y secretarías de correspondencia en todo
el Reino Unido, creando una estructura organizativa muy descentralizada.
Como hemos dicho, estaba teniendo lugar la Primera Guerra Mundial, y
como consecuencia de ello, las libertades políticas estaban seriamente
recortadas. Cualquier paso en falso y todo el movimiento quedaría
ilegalizado.
Dentro de la Liga coexistían tres interpretaciones principales, a menudo
en tensión, que reflejaban las diversas influencias intelectuales del
movimiento:
Corriente Medievalista: Heredera directa del pensamiento de Arthur
Penty, esta corriente enfatizaba la artesanía de alta calidad y la
dignidad del trabajo. Establecía una continuidad histórica con los
gremios de la Edad Media, presentándolos como un modelo de producción
comunal y de alta calidad que se oponía a la producción en masa barata y
deshumanizante del capitalismo industrial.
Corriente Corporativista: Basada en las ideas de S.G. Hobson, proponía
una asociación estructurada entre los Gremios Nacionales y el Estado. En
este modelo, los gremios controlarían la producción industrial, mientras
que el Estado, como representante de los ciudadanos-consumidores,
retendría la propiedad de los activos industriales y regularía los
precios. Esta visión buscaba un equilibrio armónico entre los intereses
de productores y consumidores dentro de un marco nacional.
Corriente Sindicalista: Impulsada principalmente por G.D.H. Cole y sus
seguidores, esta vertiente era la más radicalmente democrática y
antiestatal. Concebía los gremios como la base para una democracia
industrial autogestionada desde abajo, donde los trabajadores en el
taller elegirían a sus propios gerentes. Rechazaba cualquier asociación
con el Estado capitalista y entendía el control obrero no solo como un
objetivo económico, sino como el prerrequisito para la libertad política.
La teoría del Socialismo Gremial
En su formulación más desarrollada, que se encuentra con más claridad en
la obra de G. D. H. Cole, el Socialismo Gremial presentaba una visión
detallada de una sociedad reorganizada sobre principios democráticos y
funcionales, que eran los siguientes:
Democracia funcional: Sostenía que la verdadera representación no podía
basarse en la geografía (distritos electorales), sino en la función
social. Una persona tiene múltiples intereses en tanto que productora,
consumidora, habitante de un barrio... y requiere diferentes formas de
representación para cada cosa.
Autogobierno en la industria: El poder debía descentralizarse hasta la
unidad más básica de producción: la fábrica, mina o taller. Allí, los
trabajadores de todas las categorías («de mano y cerebro») gestionarían
colectivamente su trabajo, eligiendo a sus supervisores y directivos.
Abolición de la esclavitud salarial: El sistema de salarios, que trata
el trabajo como una mercancía sujeta a las fluctuaciones del mercado,
sería reemplazado por una remuneración continua para todos los miembros
del gremio, independientemente de si estaban trabajando o no, como
reconocimiento de su estatus de miembros de un servicio comunal.
Ahora bien, ¿cómo sería una sociedad gremial?
Era una estructura de abajo a arriba, típica del modelo libertario, cuya
parte elemental eran los gremios industriales y los «gremios cívicos».
Los primeros organizarían todas las industrias (minería, transporte,
alimentación, agricultura, etc.), y los segundos organizarían servicios
que ahora están bajo control público, como la salud y la educación, pero
que en aquella época no lo estaban. Todos estos gremios se tendrían que
federar de abajo a arribar por sectores y luego entre ellos, llegando a
un Gremio Nacional.
A diferencia del sindicalismo, este socialismo gremial le concedía un
poder a los consumidores. Creían que productores y consumidores deberían
estar equilibrados, ya que los consideraban las dos vertientes de una
relación económica. Para organizar a los consumidores, proponían
Consejos Cooperativos, que gestionarían bienes domésticos y personales,
y se derivarían a partir del movimiento cooperativo existente; y
Consejos de Servicios Colectivos, que gestionarían servicios públicos
como el agua, la electricidad y el transporte local.
En lugar del Estado soberano, la coordinación final de la sociedad
recaería en un sistema federal de Comunas (locales, regionales y
nacionales). Estos organismos no serían elegidos por sufragio universal,
sino que estarían compuestos por representantes de todos los cuerpos
funcionales (gremios de productores, consejos de consumidores, consejos
culturales, etc.). Se encargarían sobre todo de la coordinación
financiera (elaboración de presupuestos), de la resolución de disputas
entre los distintos cuerpos funcionales y de la gestión de asuntos como
las relaciones exteriores y la aplicación de la ley.
Influencia del Socialismo Gremial
El Socialismo Gremial se extendió a través de una compleja red de
comunicación global, donde sus ideas fueron recibidas, traducidas y
adaptadas. En este aspecto destacarían figuras como Eva Schumann en
Alemania y Ödön Pór en Italia, que fueron cruciales para introducir los
textos gremiales a audiencias no anglófonas, a menudo relacionándolos
con debates locales sobre sindicalismo y socialismo. También destacaron
Murobuse Takanobu en Japón y Jessie Wallace Hughan en Estados Unidos,
que utilizaron la prensa para difundir y debatir las ideas gremiales,
conectándolas con movimientos estéticos (hubo interés por William Morris
en Japón) o políticos (el unionismo industrial en EE. UU.).
Asimismo, hubo sindicalistas como Arthur McCarthy en Nueva Zelanda y
Martin Wagner en Alemania que promovieron el Socialismo Gremial como un
modelo práctico para la organización obrera, combinando los gremios con
los sindicatos. Como vemos, el sindicalismo de muchos lugares tenía la
ambición de sustituir al Estado, y buscaban constantemente nuevas ideas
para hacerlo o, al menos, teorizarlo.
El éxito de su difusión a menudo dependió de lo que se llamó
«sincronicidad intelectual», es decir, la similitud de las ideas
gremiales con movimientos locales preexistentes. Por ejemplo, el Plan
Plumb para la nacionalización de los ferrocarriles en EE.UU. y el
movimiento de gremios de la construcción (Bauhütten-Bewegung) en
Alemania, ambos vistos por la Liga Nacional de Gremios como
manifestaciones de sus principios.
También lo hemos mencionado antes: la circulación de estas ideas estaba
condicionada por la posición de Gran Bretaña en el mundo. El Imperio
Británico proporcionó una infraestructura de comunicación (servicios
postales, rutas marítimas) y un idioma común (el inglés) que facilitaron
la difusión dentro de sus dominios (Nueva Zelanda o Sudáfrica). Por el
contrario, el coste del franqueo, la inflación de la posguerra en Europa
o la censura durante la guerra obstaculizaron la transmisión de estas ideas.
Auge y caída en el período de postguerra y reconstrucción (1918-1923)
El período inmediatamente posterior a la Primera Guerra Mundial
representó tanto la cúspide de la influencia del Socialismo Gremial como
el inicio de su rápido declive. Así, la Liga se posicionó como una voz
crítica en los debates sobre la reconstrucción de Gran Bretaña.
La Liga se oponía firmemente a los Consejos Whitley, que era una
comisión tripartita de empresarios,2 sindicatos (Trade Unions) y Estado
de «control conjunto» para fijar salarios, términos y condiciones
laborales, que el movimiento gremial consideraba una trampa para cooptar
a los sindicatos. De esta manera, el gremialismo se decantó por una
crítica a los grandes sindicatos y al Gobierno.
Por otro lado, apoyaba la nacionalización de industrias estratégicas
como la minería, cosa que se estaba proponiendo desde las altas
instancias, pero insistía en que debía ir acompañada de un control
obrero democrático, y no caer bajo una gestión burocrática estatal. De
nuevo su voz se oía contra las políticas gubernamentales.
Entre 1920 y 1922, el movimiento vivió su experimento práctico más
famoso. Aprovechando la grave crisis de la vivienda y la financiación
pública disponible, los sindicatos de la construcción, con el apoyo de
la Liga de Gremios, formaron gremios locales y un Gremio Nacional de la
Construcción para construir casas sin ánimo de lucro, en el pago justo
del trabajo y trabajo de alta calidad. Sin embargo, el gobierno inició
una política de austeridad en la postguerra, llamada la Geddes Axe, y se
cortó todo tipo de financiación pública. Esto sumado a una mala gestión
interna y a la oposición de la industria de la construcción privada
capitalista, dinamitaron el Gremio Nacional de la Construcción.
Sin embargo, el movimiento entró en crisis a partir de 1920-21. Desde la
irrupción de la Revolución Bolchevique en Rusia, el movimiento gremial
se polarizó en una corriente de «derecha» y otra de «izquierda». La
primera (Penty, Hobson), veian la Revolución Rusa como una forma
peligrosa de colectivismo y comenzaron a asumir la necesidad de un
Estado fuerte y de la propiedad privada. En cambio, la corriente de
izquierda (Cole, Mellor) la veían como una inspiración y su postura
anti-estatal se vio radicalizada, ganando finalmente el control de la
Liga en 1920.
Además, el movimiento entraba en competencia con otras ideologías, que
atraían a sus cuadros. Por ejemplo, el Douglasismo, que era una teoría
de reforma monetaria basada en el crédito social, que ganó adeptos en
The New Age y dividió a los gremialistas. Otro ejemplo sería el Partido
Comunista de Gran Bretaña (CPGB), que atrajo a muchos de los miembros
más radicales de la Liga tras su fundación en 1920. Y por último, el
Partido Laborista y la Sociedad Fabiana comenzaron a incorporar
selectivamente elementos del discurso del control obrero en sus
programas, haciendo que el Socialismo Gremial pareciera cada vez más
superfluo.
La Liga Nacional de Gremios se disolvió formalmente en junio de 1923.
Legado y declive
El fin de la Liga no supuso el fin inmediato de las ideas gremiales.
Entre 1923 y 1926, se creó el Consejo Nacional de Gremios, un organismo
que intentaba reavivar el movimiento. Logró establecer nuevos gremios
locales en la construcción, la confección textil y la agricultura, y
mantuvo viva la red académica internacional. Sin embargo, este
resurgimiento efímero se desvaneció tras la derrota de la Huelga General
de 1926.
Después de 1926, los antiguos gremialistas llevaron sus ideas a diversas
organizaciones, donde se fusionaron con otras corrientes de pensamiento.
Por ejemplo, G. D. H. Cole y otros se reincorporaron al Partido
Laborista y a la Sociedad Fabiana, intentando influir desde dentro a
favor de una mayor democracia industrial y control obrero. En cambio,
Arthur Penty se desplazó hacia la derecha, encontrando afinidades entre
su medievalismo y el corporativismo de movimientos fascistas emergentes.
Otros miembros se involucraron en movimientos más pequeños como el New
Britain Movement (un precursor del federalismo europeo) o la House of
Industry League, que continuaron promoviendo formas de corporativismo
democrático hasta la Segunda Guerra Mundial.
Por así decirlo, el Socialismo Gremial, como movimiento organizado, no
sobrevivió a la década de 1920. Sin embargo, su crítica al poder
centralizado, su defensa de la democracia en el lugar de trabajo y su
análisis de la soberanía funcional dejaron una huella profunda en el
pensamiento de la izquierda británica, influyendo posteriormente en
debates sobre la nacionalización, la participación obrera y la teoría
democrática, y sirviendo de inspiración para la Nueva Izquierda en la
década de 1950.
Años 50, de nuevo Cole
Tras la Segunda Guerra Mundial hubo una gran afluencia a de trabajadores
a los sindicatos y el Estado inició la reconstrucción en clave social.
La influencia del laborismo creció como nunca antes, y se iniciaron
grandes avances en el sector público. Fue entonces cuando se hablaba de
la posibilidad de una sociedad híbrida entre el comunismo soviético y el
capitalismo liberal norteamericano. Era una sociedad progresista de
izquierdas, de corte keynesiano, con base en el laborismo británico y
las distintas socialdemocracias europeas que por entonces dominaban el
panorama político.
Entre las reflexiones del momento, se llegaba a la conclusión - falsa
por lo que se verá dos décadas después - que la sociedad británica tenía
una economía que caminaba hacia el colectivismo. G. D. H. Cole publicó
su obra The British Co-operative Movement in a Socialist Society (1951),
en la que examinó los elementos que podrían contribuir a este
colectivismo. Aquí ya nos hemos salido del Socialismo Gremial, del
artículo, pero no deja de resultar interesante lo que encontró Cole.
En el momento del análisis, el movimiento contaba con más de diez
millones de miembros y una participación significativa en el comercio
minorista, especialmente en alimentos. El movimiento cooperativista
contaba con, aproximadamente, 1.030 sociedades cooperativas minoristas
locales de consumidores. Estas variaban mucho de tamaño, destacando la
London Co-operative Society, con casi un millón de personas socias,
hasta las pequeñas tiendas de pueblo con unas pocas. En 1946, el
movimiento operaba a través de unos 25.000 puntos de venta. El
cooperativismo tenía una posición dominante en sectores clave del
comercio minorista, aunque su crecimiento relativo se había estancado.
Casi un tercio del comercio total de leche y productos lácteos, más o
menos una sexta parte del pan, la confitería y los comestibles, y una
octava parte de la carne. Entre una quinta y una sexta parte del
comercio de carbón, una décima parte del calzado, un 8% del tabaco, un
6-7% de la ropa y el mobiliario, y un 6% en farmacia.
Sin embargo, su crecimiento relativo se había estancado, y sus líderes
mostraban una postura conservadora, centrada en la defensa del statu quo
cooperativista en lugar de la expansión a todos los campos de la vida.
El dilema central que afrontaban es cómo un movimiento fundamentalmente
voluntario, competitivo y descentralizado podría integrarse y prosperar
dentro de una sociedad socialista caracterizada por la planificación
económica y la nacionalización de industrias clave. Cole señalaba la
falta de una estrategia a largo plazo entre el Partido Laborista y el
movimiento cooperativo (notemos que aquí ya no tiene en cuenta los
sindicatos), lo que generaba un riesgo de conflicto a medida que
avanzasen las políticas socialistas.
El análisis de Cole concluía que el movimiento cooperativo debía
abandonar su postura aislacionista y conservadora para forjar una
asociación constructiva con el Estado de bienestar emergente. Solo a
través de la innovación en sus estructuras y la adopción de un papel
proactivo en la configuración de la nueva economía podrá el
cooperativismo cumplir su potencial como pilar fundamental de una
sociedad socialista democrática. De manera que Cole propuso lo siguiente:
«Mutualización»del Comercio Minorista. En lugar de la nacionalización o
municipalización del comercio minorista privado a gran escala, se
proponía que el Estado adquiriera las grandes cadenas de tiendas y las
convierta en «Mutuas». Estas operarían bajo principios cooperativos
(como el dividendo sobre las compras) y competirían tanto entre sí como
con las sociedades cooperativas existentes, evitando la creación de un
monopolio estatal o cooperativo y fomentando la eficiencia a través de
la competencia.
Reorganización del Comercio Mayorista y de Producción. Se abogaba por
una expansión significativa del cooperativismo de producción,
considerándolo una alternativa diversa y democrática a la
nacionalización de las industrias de bienes de consumo. Se sugería que
el Estado financiase la creación de nuevas Sociedades Cooperativas de
Producción, especialmente en asociación con los sindicatos.
Renovación de los Ideales Cooperativos: El informe instaba a un retorno
al espíritu original de asociación entre productores y consumidores,
superando la filosofía del «control exclusivo del consumidor» que
dominaba el movimiento cooperativista. Esto implicaba una mayor
valoración y apoyo a las cooperativas de producción y una mejora en el
estatus y la participación de los empleados.
Modernización de la Gestión y las Relaciones Laborales: Se realizaba una
crítica a la estructura de gestión del movimiento, caracterizada por el
«control laico»de comités a tiempo parcial sobre gerentes profesionales.
Se argumentaba que esto limitaba la eficiencia y la iniciativa. Se pedía
una modernización de las relaciones laborales mediante la implantación
de sistemas de consulta conjunta, mejores salarios y una mayor inversión
en la formación de directivos del cooperativismo. Los empleados deberían
tener una participación real en los asuntos del movimiento, asignándoles
puestos representativos específicos en los Comités de Gestión.
Como vemos, estamos ante una impugnación de todo el modelo
cooperativista británico, que era un movimiento enorme, pero que también
estaba a expensas de los designios del Partido Laborista. Con el tiempo
esto sería fatal, puesto que el movimiento carecía de autonomía política
y de estrategia. Cuando llegaron las crisis económicas posteriores, se
despolitizaría en buena medida.
Conclusiones
Ahora bien, ¿qué se puede aprender de esta experiencia? Podemos analizar
los errores cometidos por el movimiento gremialista primero, y el
cooperativista después, que básicamente es el mismo: acercarse demasiado
a las propuestas de estado paternalista o estado del bienestar,
encarnado por los laboristas en Gran Bretaña, y olvidarse de tener una
estrategia propia, que pasara por hacer valer su enorme fuerza social.
En este sentido el sindicalismo siempre fue por delante.
Tanto las Trade Unions más reformistas, como el sindicalismo
revolucionario, siempre tuvieron claro que la fuerza del sindicato es
clave en las negociaciones o en las disputas con el Estado. Algunos
entendían que servían como mecanismo de organización de los
trabajadores, para que tuvieran voz en los asuntos económicos, mientras
que los más radicales entendían que el sindicato era la clave de la
revolución, puesto que podría hacer funcionar la sociedad sin necesidad
del Estado. La postura de Cole parece obvia en este aspecto.
Sin embargo, las Trade Unions y el Socialismo Gremial a duras penas
convivieron, y no se realizaron programas político-sociales para
proyectar su poder, dejando la cuestión política a los partidos obreros.
Con esto se empobrecieron de cuadros militantes muy válidos y el
movimiento se resquebrajó, alejándose de sus propios objetivos iniciales.
Esto se repite una y otra vez cuando un movimiento social o popular no
se lee a sí mismo políticamente, perdiendo su potencialidad o cayendo
bajo la influencia de un grupo partidista externo al movimiento
social... o, peor aún, acabar formando parte de una red clientelar (por
ejemplo, el peronismo argentino).
Dicho esto, nos puede venir a la cabeza la Economía Social y Solidaria
actual en el estado español, en especial en Catalunya. Aunque cuenta con
entidades y redes que pretenden tener una voz propia, con carácter de
movimiento, como podría ser la Xarxa d'Economia Solidària de Catalunya,
la Red Internacional de Democracia Comunal u otras redes que hablan de
post-capitalismo, en clave de ecosocialismo, ecofeminismo o de
transición ecosocial, lo cierto es que la dependencia estructural de
muchas cooperativas de las contrataciones por parte de las
administraciones públicas (siendo algunas incluso parte del entramado
administrativo como los Ateneus Cooperatius de Catalunya o las
Comunalitats Urbanes a pesar de que a veces operan al margen de ellas y
mantienen discursos rupturistas), así como de las subvenciones, erosiona
su potencial emancipador postcapitalista. ¿Qué alternativa ofreceremos
si llega al gobierno alguien que ni paga ni contrata? Posiblemente eso
será el fin de muchos proyectos económicos, no muy bien planteados.
Por eso, recuperar experiencias y saberes antiguos como estos del
Socialismo Gremial debería servir de advertencia y de apoyo teórico para
buscar las alianzas adecuadas para los objetivos emancipadores que
deberían emanar del cooperativismo en acción... o, al menos, del
cooperativismo que se mantiene fiel a la tradición de los Pioneros de
Rochdale (1844). En fin, todo esto da para reflexionar.
Blackspartak, militante de Embat.
Bibliografía
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Stears, Marc. «Guild Socialism and Ideological Diversity on the British
Left, 1914-1926». Journal of Political Ideology, vol. 3, págs. 289-306,
1998.
1 Sobre este tema, podéis leer la propuesta de la CGT francesa de
nacionalizaciones y de creación del Consejo Económico del Trabajo,
desarrollada en el artículo El Consejo Económico del Trabajo y la
nacionalización industrializada en Francia.
https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/11/el-socialismo-gremial-origenes-teoria-y-trayectoria/
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