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(ca) Italy, FAI, Umanita Nova #17-26 - Ni una hora en el ejército. Grecia: Contra el servicio militar obligatorio para mujeres (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Fri, 12 Jun 2026 08:29:16 +0300


El reciente llamamiento del Estado Mayor del Ejército a las mujeres de entre 20 y 26 años para el servicio militar voluntario no podía dejar de ir acompañado de la frase: «La responsabilidad de la patria también me incumbe». ---- Y esta misma frase resume la forma en que el Estado busca extender su control sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, exigiendo no solo nuestro consentimiento, sino también nuestra participación activa en la reproducción de su soberanía. En concreto, los anuncios, que forman parte de la Agenda Territorial 2030 de la UE, invitan a las mujeres a alistarse en el ejército de tierra durante un periodo piloto de 12 meses, a partir de abril, con 200 «voluntarias» en el centro de entrenamiento de material bélico de Lamia.

Es evidente que el servicio militar obligatorio para mujeres no representa un paso hacia la libertad ni la igualdad, sino una extensión de la misma violencia que organiza el mundo del Estado y el capital. La participación en la guerra no es un «derecho», sino más bien una sentencia de muerte, un nuevo intento de normalizar la idea de que todos debemos estar a disposición de las exigencias de la soberanía.

No es casualidad que este alistamiento voluntario en el ejército se presente como un elemento constitutivo de la existencia nacional independiente, con un término como «oportunidad», y al mismo tiempo como una continuación legal del «glorioso pasado griego»; como una responsabilidad en un periodo en el que «las condiciones en constante cambio generan nuevas exigencias».

Precisamente en estas condiciones de totalitarismo moderno generalizado, empobrecimiento cotidiano y la cristalización del mosaico distópico de la explotación, la llamada igualdad de género, bajo el pretexto de la democratización, es explotada por el Estado y sus mecanismos como herramienta para reproducir jerarquías y extorsionar el consenso. Este método se utiliza para superar los conflictos sociales bajo el manto de la «inclusión», el «honor nacional» y el «abastecimiento», mientras que, simultáneamente, se regulan nuestros cuerpos y se prepara a la base social como «destinada» a formar parte de una maquinaria militar colectiva.
De esta forma, se supone que las mujeres se reivindican como sujetos activos, cuando en realidad se las invita a integrarse precisamente en las exigencias de la dominación estatal y capitalista y a preservar la red conservadora de relaciones sociales que nos llama a asumir "posiciones de batalla".

Además, en general, resulta evidente que para salvaguardar los planes de soberanía territorial y expansión militar y económica, disfrazados bajo el vulgar manto del "bienestar social" y el "bien común", pero también para normalizar las sirenas de guerra que comienzan a sonar de nuevo, los Estados establecen y refuerzan metódicamente esta red de disciplina y subordinación que impregna todos los aspectos de la vida social.

Desde la escuela hasta el campo de batalla, los cuerpos son adiestrados en la obediencia, la alineación y la integración en estructuras jerárquicas, mientras que la violencia se internaliza como un medio necesario para mantener el "orden" y la cohesión.

En otras palabras, la militarización no se limita a los espacios de las fuerzas armadas, sino que impregna la vida cotidiana, transformando la sociedad en un mecanismo donde la vigilancia, el miedo y la obediencia se convierten en la norma, y donde la preparación para la guerra se convierte en la organización misma de la vida.
Al mismo tiempo, la militarización no puede separarse de la realidad más amplia de la explotación y la exclusión. Los mismos mecanismos que hoy instan a las mujeres a defender su patria son los mismos que dejan a los trabajadores en condiciones precarias, que transforman a migrantes y refugiados en mano de obra barata y desechable, que alimentan y reproducen la violencia de género y la exclusión social.

Por consiguiente, no debemos engañarnos pensando que estos mecanismos, programados estructural y a priori para implementar y reproducir la opresión, la represión y la explotación de género en todos los ámbitos de la vida pública y privada, puedan mostrar alguna sensibilidad, aunque sea fingida. Al fin y al cabo, el poder puede gestionarse y disimularse, pero su elemento estructural siempre será la necesidad de control.

Y es evidente que la patria por la que se nos llama a luchar no es un lugar común de libertad, sino un campo de explotación y muerte.

Nos negamos, por lo tanto, a convertirnos en "carne" en manos de un mecanismo que produce muerte, destrucción y subyugación. Nos oponemos y luchamos diariamente contra el nacionalismo que pretende que nos identifiquemos con los intereses del soberano, contra el patriarcado que extiende su control incluso a través de la "integración". Aun en tiempos en que, ante las fronteras, las formaciones de capital transnacional y las guerras, la vida humana se devalúa claramente, es la dignidad de la existencia la que jamás podría ser apaciguada ni limitada dentro de los estrechos confines de la planificación espacial de la UE, las proclamaciones y las "bonificaciones" profesionales del Estado Mayor.

Y al mismo tiempo, creamos nuestras propias declaraciones, proponiendo otra perspectiva: la de la solidaridad internacionalista entre quienes sufren explotación, una perspectiva que trasciende las fronteras nacionales y las divisiones artificiales impuestas desde arriba.

Porque no tenemos nada que defender en este mundo de desigualdad, guerras y opresión, explotación y muerte. Ni podríamos jamás reconocer responsabilidad alguna ante los Estados que organizan la vida en términos de dominación y muerte.
Porque la responsabilidad que asumimos es la mutua, la de cada persona que resiste, la de la posibilidad misma de una vida libre de explotación, fronteras y poder. Por eso, mantenemos firme la promesa de que, ante el creciente totalitarismo, barbarie y muerte, la libertad no se conquista con la lucha, sino que se construye mediante ella: una lucha total destinada a aplastar todo poder, la lucha anarquista que no cesará hasta erradicar la opresión, el Estado, el capitalismo y el patriarcado desde sus cimientos, hasta construir un mundo de igualdad, libertad y dignidad.

LUCHAS INTERNACIONALISTAS CONTRA EL PATRIARCADO, EL ESTADO Y EL CAPITAL - CONTRA EL NACIONALISMO, EL FASCISMO Y LA GUERRA

Mujeres Libres del Colectivo por el Anarquismo Social - "Negras y Rojas"
Miembro de la Organización Política Anarquista - Federación de Colectivos

https://umanitanova.org/nemmeno-unora-nellesercito-grecia-contro-la-coscrizione-delle-donne/
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