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(ca) Spaine, Regeneracion: Necesitamos una estrategia para saltar Por COLABORACIONES* (en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Sat, 4 Apr 2026 09:51:19 +0300
En los ambientes anarcosindicalistas en ocasiones parece que el término
"estrategia" es una mala palabra. Algo que no se corresponde con nuestro
universo cultural, con nuestro "culto natural a la espontaneidad" ni con
una forma de entender la libertad que suele centrarse exclusivamente en
su vertiente negativa (no tener la obligación de hacer algo) y no con su
evidente componente positiva (ser capaz de hacer algo). ---- Sin
embargo, nuestras organizaciones sindicales tienen la pretensión de
volverse organismos de masas, capaces de agrupar a amplias capas de la
población trabajadora. Y ahí es donde navegamos en una contradicción
permanente: la improvisación continua y la cultura de "ir respondiendo a
lo que va pasando" son difícilmente compatibles con la intervención real
en un contexto social cada vez más complejo, donde analizar la realidad
y planificar colectivamente son competencias imprescindibles.
La estrategia es la capacidad de ponernos de acuerdo a la hora de
planificar nuestra intervención en la realidad y de accionar dicha
intervención de manera coordinada y coherente. La estrategia es una
herramienta tan anarcosindicalista que, realmente, deberíamos entender
la transformación de los sindicatos de oficio en sindicatos únicos, en
el Congreso de Sants de la Regional Catalana de la CNT de 1918, como una
estrategia pionera que permitió a la organización generar la
infraestructura necesaria para golpear conjuntamente en sectores
productivos enteros. Y esa modificación orgánica, que fue impuesta a
todos los sindicatos y sociedades de oficio por los acuerdos del
Congreso mencionado, permitió victorias concretas en la lucha sindical
como la de la famosa huelga de La Canadiense en 1919.
Así que tenemos que tener una estrategia, porque la estrategia es lo
único que permite romper con la inercia que empuja al mundo sindical,
una y otra vez, a una cierta pasividad en las etapas en las que el
conflicto no se hace crudamente presente. De hecho, nuestra crítica a
los sindicatos oficialistas (UGT y CCOO) nace de su inveterada
pasividad, su plomiza estulticia militante. Que sus organizaciones se
basan en una militancia profesionalizada, en base a prebendas y
liberaciones perpetuas, no es lo que realmente critica la clase
trabajadora, sino su absoluta incapacidad para generar una potencia
social efectiva. La profesionalización es lo que explica su incapacidad,
lo que la genera en muchos casos, la razón de su divorcio con las
urgencias de la miseria obrera, pero si fueran realmente efectivos para
mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora muchas de estas
cosas se les perdonarían. Lo cierto es que CCOO y UGT carecen de
cualquier estrategia de confrontación con la patronal y simplemente
vegetan a su lado, aceptando gestionar la explotación conjuntamente
(pero en una posición de subordinación) con el empresariado.
Pero tener una ideología radical no nos libra de la tendencia a la
burocratización, presente en toda gran organización política o social.
Porque, como decía el luchador argentino John William Cooke, el
comportamiento burocrático no se define únicamente por la cobardía, el
reformismo o la corrupción. En el corazón de la burocracia lo que
realmente hay es la ausencia de toda estrategia. La burocracia se limita
a "hacer como que lucha", hostigando de forma rutinaria al poder con
pequeñas movilizaciones sin ambición, con la idea de que, tarde o
temprano, la coyuntura social desfavorable cambiará y el poder colapsará
por sí mismo o decidirá comprar a la burocracia por lo que esta cree que
vale. Sin embargo, eso nunca ocurre. La pasividad engendra pasividad y
la burocracia va secando todas las fuentes de vitalidad de la clase
trabajadora, la adormece sumergiéndola en una cultura rutinaria y
conformista.
Para evitar constituirnos en burocracia y dedicarnos a repetirnos
pasivamente en un bucle de rutinas fatalistas tenemos que dotarnos de
una estrategia. Analizar seriamente la realidad para determinar
colectivamente cómo vamos a intervenir en ella para cambiarla. Organizar
la acción y desplegarla conforme a un plan. Un plan colectivo, flexible,
que se pueda modificar en función de las circunstancias, pero también un
plan fundamentado en un conocimiento riguroso de la realidad social y de
nuestras propias fuerzas y capacidades. Un plan que debe comenzar por
partir de los siguientes elementos:
Primero, para delinear una estrategia efectiva para intervenir en la
vida laboral, más allá de cada centro de trabajo, tenemos que conocer en
profundidad la realidad que nos rodea. Conocer cómo es la clase
trabajadora de nuestro país y cómo está conformado el modelo productivo
de cada uno de los territorios ibéricos. Saber cómo se conecta la
economía española con las cadenas de valor internacionales y los
mercados globales. Estudiar cómo intervienen los fondos de inversión y
la banca en nuestra vida laboral, aunque no sea del todo evidente porque
forman parte de los consejos de administración, pero no suelen estar
presentes físicamente en los centros de trabajo. Analizar cómo
condicionan nuestra cultura y nuestro mundo productivo contradicciones
sociales como el machismo, el racismo, o la voluntad de independencia de
una parte de la población de determinados territorios de nuestro Estado.
Saber qué ocurre en el contexto de otros sectores sociales como el
trabajo autónomo, el cooperativismo, la pequeña empresa o incluso la
gran patronal, para delimitar una estrategia adecuada a la hora de
relacionarnos (o pelearnos) con ellos.
Para conocer la realidad tenemos que fomentar la investigación y el
aprendizaje continuo entre nuestra militancia. Debemos impulsar debates
y estudios fundamentados sobre la situación real que nos rodea.
Limitarnos a desplegar hipótesis sobre el futuro previsible a largo
plazo, como hacen algunos de nuestros más destacados pensadores, no es
suficiente, aunque pueda ser necesario. Nuestros análisis tienen que
estar situados, encarnados en el mundo de hoy y de mañana, no sólo en el
de pasado mañana. Para intervenir conscientemente hay que planificar los
siguientes pasos, no sólo divagar sobre la posibilidad de futuros
distantes que se nos escapan de las manos.
El segundo elemento necesario para diseñar una estrategia efectiva para
el anarcosindicalismo de hoy es la voluntad de saltar. Saltar sobre la
rutina y lo cotidiano. Saltar sobre la tendencia conformista a
repetirnos en bucle. Saltar sobre nuestra pasiva costumbre de
encerrarnos en los pequeños espacios conocidos ("mi barrio, mi centro de
trabajo, mi centro social") para desarrollar una mirada más larga y más
elevada. Para intervenir de verdad en la sociedad tenemos que dedicar
energías y recursos a planificar una estrategia que supere el ámbito de
la sección sindical o del territorio concreto sin dejar de atender a
esas mismas realidades. La consigna de "pensar globalmente, actuar
localmente" es engañosa. Para intervenir también hay que pensar lo local
y actuar a lo grande mediante herramientas globales como las huelgas
generales, las campañas reivindicativas nacionales o europeas, o la
determinación de un programa conjunto de la clase trabajadora a nivel
peninsular con medidas concretas a reivindicar, un calendario específico
de movilizaciones y una trama de alianzas amplias desde las que impulsarlo.
El tercer elemento es entender que una parte muy importante de una
estrategia efectiva es la decisión de con quién se trabaja. Ninguna de
nuestras organizaciones puede impulsar grandes transformaciones por sí
sola. Ni siquiera una plataforma conjunta del anarcosindicalismo podría
hacerlo. Para eso necesitamos alianzas amplias y densas con los
movimientos sociales, con las organizaciones sindicales combativas y con
las agrupaciones ciudadanas que quieren transformar nuestro país en un
sentido progresivo (asociaciones de la abogacía progresista, grupos de
derechos humanos, entidades culturales de avanzada, organizaciones
políticas revolucionarias, etc.). Determinar con quién nos aliamos en
cada territorio o para cada reivindicación es una decisión estratégica
básica. Y por eso hay que dejar de definir las alianzas sólo en base al
discurso abstracto (la ideología, lo que se dice, la "fidelidad" a ideas
que no se encarnan en experiencias concretas) y empezar a hablar en
serio (pero sin ingenuidades) con quienes pueden facilitar avances
reales en contextos específicos, aunque recen a otros dioses u ondeen
otras banderas. Introducir racionalidad situada donde habitualmente sólo
alcanzamos a centrarnos en la emocionalidad identitaria abstracta.
Pero el elemento más imprescindible para desarrollar una estrategia
efectiva, el más decisivo e importante, es otro. La clave de la bóveda
del pensamiento estratégico es el optimismo. Un optimismo lúcido pero
intransigente. Desde el pesimismo, el fatalismo y la tristeza es difícil
construir nada real. Ninguna cosa importante se ha hecho en la historia
sin pasión. La batalla por la alegría de dar la batalla es la primera
que tenemos que dar y la más decisiva. Hay que conocer la coyuntura,
pero para lanzarse a cambiarla, no para llorar la derrota y convertirla
en permanente.
Realmente sólo ganan las batallas quienes están en ellas. Y para estar
en ellas hay que diseñar una estrategia. Colectivamente, de forma
participativa, de manera rigurosa y fundamentada, debatiendo todo lo
necesario, modificándola según cambia la realidad, pero planificando
efectivamente la acción y aprendiendo de ella.
Negarnos a burocratizar nuestras mentes, como decía Paulo Freire.
Obligarnos a pensar en serio sobre qué queremos hacer y cómo lo vamos a
hacer. Ese es un camino pata saltar.
José Luis Carretero Miramar.
*Publicado originalmente el 7 de enero de 2026 en Kaos en la Red
https://regeneracionlibertaria.org/2026/02/22/necesitamos-una-estrategia-para-saltar/
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